Meditar me ayudó a encontrar calma en medio del caos

Una herramienta simple para un mundo tan complejo

Durante muchos años conviví con ansiedad sin entender su origen. No tenía palabras para describir lo que me pasaba. Solo sabía que había algo dentro mío que no lograba calmarse. La ansiedad me acompañó desde muy chica, casi desde la adolescencia, como una presencia silenciosa pero constante. Era esa inquietud en el pecho, ese nudo en el estómago, esa angustia que aparecía incluso cuando todo parecía estar bien.

Yo pensaba que era simplemente mi personalidad: nerviosa, intensa, sensible, “medio exagerada”. Me acostumbré a vivir en una mente que iba más rápido que mi vida. Lo naturalicé. Creía que esa era mi forma de ser. Nunca imaginé que todo eso tenía una raíz emocional.

Con el tiempo entendí algo que me cambió la mirada: la ansiedad no era un defecto ni una falla. Era un mensaje. Era mi sistema nervioso intentando protegerme de algo que no había podido procesar del todo. Hubo un momento en el que ya no pude seguir sosteniendo la vida que llevaba. Mi cuerpo empezó a entrar en pánico sin una razón clara: taquicardia, temblores, pensamientos oscuros y rápidos, una sensación constante de amenaza interna. Ese fue mi punto de quiebre.

Hoy puedo ver que ese momento, aunque fue muy doloroso, marcó un antes y un después. Me obligó a frenar. También, me sacó del piloto automático. Me mostró que no podía seguir viviendo desconectada de mí.

El comienzo del camino hacia adentro

Empecé terapia. Fue el primer espacio donde pude poner en palabras lo que venía cargando hacía años. Ahí apareció el autoconocimiento.

Tiempo después llegó la meditación. Al principio la evitaba: el silencio me incomodaba porque me enfrentaba con mi mundo interno. Pero algo en mí sabía que tenía que quedarme.

Y pasó algo que nunca había experimentado: descubrí que detrás del ruido había quietud. No una paz perfecta, pero sí un espacio interno más estable donde podía respirar, sentir y escucharme. 

Meditar no me “curó” de un día para el otro, pero me enseñó a:

Habitar mi cuerpo sin huir, reconocer emociones sin asustarme. A o bservar pensamientos sin creerlos todos. A Volver al presente cuando mi mente se iba al peor escenario.

Con el tiempo supe que lo que yo vivía como alivio también tenía una base neurológica.

Diversas investigaciones muestran que la meditación:

Reduce la activación de la amígdala (centro del miedo y la respuesta de alarma)

Fortalece la corteza prefrontal (asociada a la regulación emocional y la toma de decisiones)

Disminuye los niveles de cortisol (hormona del estrés)

Aumenta la materia gris en regiones vinculadas a la atención y la autorregulación

Estos cambios están relacionados con la neuro plasticidad: la capacidad del cerebro de reorganizarse a partir de nuevas experiencias.

Antes, cuando algo me angustiaba, mi sistema entraba en modo alarma. Hoy, muchas veces puedo notar: “esto es miedo”, “esto es tristeza”, “esto es inseguridad”. Y solo ese acto de reconocerlo baja la intensidad.

Eso es lo que la meditación me regaló: un espacio entre el estímulo y la reacción.

Otro gran aprendizaje fue entender que meditar no es no pensar.

La mente sigue produciendo pensamientos. La diferencia es que dejas de quedar atrapada en ellos.

Aprendes a verlos como nubes que pasan. Eso, por sí solo, baja muchísimo la ansiedad.

Con una práctica simple y constante, empecé a notar cambios reales:

Menos ansiedad basal, más calma corporal, mejor sueño, menos rumiación mental, más autocompasión, mayor conexión conmigo.

No fue magia. Fue repetición. Cinco, diez, quince minutos por día.

La ansiedad no era mi identidad. Era una señal.

Meditar no me convirtió en alguien perfecta ni me quitó todos los problemas, pero me devolvió algo esencial: la capacidad de estar conmigo sin miedo.

Fuentes científicas consultadas

Davidson, R. J. & McEwen, B. S. (2012). Social influences on neuroplasticity: Stress and interventions to promote well-being. Nature Neuroscience. 

Hölzel, B. K. et al. (2011). Mindfulness practice leads to increases in regional brain gray matter density. Psychiatry Research: Neuroimaging. 

Tang, Y. Y., Hölzel, B. K., & Posner, M. I. (2015). The neuroscience of mindfulness meditation. Nature Reviews Neuroscience. 

Goleman, D. & Davidson, R. (2017). Altered Traits. Avery.

Kabat-Zinn, J. (1990). Full Catastrophe Living. Delta.

Esta nota está basada en mi experiencia personal. No reemplaza tratamiento médico ni psicoterapéutico profesional.

Emilia Trentin


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