La crianza es una actividad hermosa y compleja a la vez, por eso nos gusta pensarla como una actividad artesanal y única. Porque cada vínculo será único. Porque cada mamá y papá no son iguales con cada uno de sus hijos, porque no es igual si tenés compañero/a, que si maternas o paternas solo. Tampoco es igual si tenés una red de contención ( tíos, abuelos, amigos).
También va a tener que ver con cómo fue la llegada de ese hijo o como estábamos cada uno en lo individual. Otra cuestión a tener presente también es; cómo estaba nuestro vínculo de pareja, ¿cómo fue el embarazo? ¿cómo fue el parto? y sobre todo que sentido y le doy a eso.
¿Qué creencias tienes respecto de ese hijo?, ¿cómo interpretas sus conductas?, ¿como es el/ ella y cómo responde a determinadas situaciones?
Y algo muy importante, es cómo fuiste criada vos y tu pareja, que de eso se va a jugar en el aquí y ahora.
Podemos pensar así que va a haber como toda una serie de variables que tiene que ver con la microcultura de esta pareja y esta familia. También con lo que es importante para nosotros.
Es un concepto que está multideterminado. Es importante poder conocernos, poder tomar conciencia de lo que vamos haciendo y saber de estas variables que pueden estar en juego.
Pero también va a estar lo macro, la cultura, los paradigmas de cada momento que destierran el paradigma anterior. Y los opinólogos aquellas personas que se especializan en dar su opinión en general negativa y sin que se la pidamos. Eso puede generar muchas veces una sensación de que hay una sola manera de hacer las cosas. Y que, entonces, si vos no cumplís con esa expectativa estamos haciéndolo mal. Viene la sobreexigencia y esa palabrita va de la mano de la culpa, culpa por trabajar mucho, por no tener ganas de jugar, por no saber cómo hacerlo
Lo importante es bajarse de ese ideal. Será importante entonces conocernos y hacer acuerdos con la pareja o con quien compartimos la crianza. Para poder construir esta actividad artesanal y única de la manera más amorosa y que más se acomode a nuestra familia.
En este recorrido también es importante recordar que quienes crían siguen siendo personas, con emociones, dudas, cansancio, frustraciones y necesidades propias.
Muchas veces la maternidad o la paternidad vienen acompañadas de una exigencia silenciosa que deja poco lugar para el error, el descanso o la posibilidad de pedir ayuda.
Sin embargo, cuidar de uno mismo no es un acto de egoísmo, sino una condición necesaria para poder cuidar de otros desde un lugar más disponible, consciente y saludable. Del mismo modo, es importante comprender que nuestros hijos no necesitan madres o padres perfectos, sino adultos presentes, capaces de reconocer sus errores, reparar cuando es necesario y seguir aprendiendo junto a ellos.
La crianza también se construye en esos pequeños gestos cotidianos. Donde el amor, la escucha y el respeto tienen mucho más peso que la búsqueda de la perfección.
Criar no es alcanzar un ideal, sino construir un vínculo que se transforma día a día. No existen recetas universales ni una única manera correcta de hacerlo, porque cada familia tiene su propia historia, sus recursos, sus desafíos y sus tiempos.
Tal vez el mayor desafío sea animarnos a criar desde la presencia más que desde la exigencia, aceptando que equivocarnos también forma parte del camino. Cuando dejamos de compararnos y empezamos a confiar en nuestras posibilidades, la crianza deja de ser una carrera por cumplir expectativas ajenas y se convierte en una oportunidad para crecer junto a nuestros hijos, fortaleciendo un vínculo basado en el respeto, la confianza y el amor.

Lic. en Psicologia UBA
Psicología Perinatal
Psicoterapia adolescentes y adultos
Asesoria en Crianza
@lic.marinarodriguezlasso
Formación en Neurociencias

