Todos los días nos levantamos para subirnos al vertiginoso ritmo que nos “propone” la vida. Lo hacemos aunque estemos tristes, cansados, desmotivados, pensando que nuestro esfuerzo no tiene sentido. Y sin elegirte. Al principio nos quejamos de no tener tiempo para pasar momentos con nuestra familia y amigos, de que todos los días amanecemos cansados.
Llega el lunes y nos despertamos de mal humor con el cuerpo duro y dolorido deseando que llegue el fin de semana para relajarnos y reunirnos con quien queremos, cosa que muchas veces no hacemos y si lo hacemos no logramos disfrutarlo por estar pensando en las obligaciones de la semana siguiente.
A medida que pasa el tiempo nos acostumbramos a sentirnos mal e ignoramos que todo nuestro ser pide auxilio a gritos. Pero estamos tan ocupados que pasamos por alto todas las señales de alerta haciendo que el malestar se naturalice y sea parte de nuestra vida diaria. Mientras tanto seguimos cumpliendo en casi todos los frentes, olvidándonos de lo más importante, el cuidado de nosotros mismos.
La tristeza es una emoción que nos viene a mostrar que algo está sucediendo (hace sonar la alarma) y además se caracteriza por quitarnos la energía para dejar ir aquello que nos genera malestar.
Es necesario hacer una pausa en la cual le demos permiso a la tristeza para que nos habite y darle el tiempo para sentirla. De esa forma podemos buscar estrategias que nos permitan estar mejor cada día.
Pensemos cuándo fue la última vez que hicimos una pausa para estar con nosotros mismos, sin mentiras, prestando verdadera atención a lo que nos pasa.
Si nos damos cuenta que convivimos con la tristeza diariamente y no encontramos las estrategias para salir de esa situación, no dudemos en pedir ayuda. Reconocer nuestras limitaciones es el primer paso para generar un cambio.
Es importante recordar que no estamos obligados a sentirnos bien todo el tiempo. Vivimos en una cultura que muchas veces nos exige productividad, optimismo y fortaleza permanente, dejando poco espacio para la vulnerabilidad. Sin embargo, aceptar nuestras emociones, incluso las más difíciles, es parte fundamental del cuidado de la salud mental.
Cuando la tristeza se instala durante semanas o meses y comienza a afectar nuestro descanso, nuestras relaciones, nuestro trabajo o las actividades que antes disfrutábamos, es importante prestar atención. No todo malestar desaparece por sí solo ni todo puede resolverse únicamente con voluntad. A veces necesitamos acompañamiento para comprender qué nos está pasando y recuperar nuestro bienestar.
Escucharnos, respetar nuestros tiempos y priorizar nuestro bienestar no es un lujo ni un acto de egoísmo. Es una necesidad. Cuando aprendemos a prestarnos atención y a atender nuestras necesidades emocionales, comenzamos a construir una relación más saludable con nosotros mismos y con quienes nos rodean.
Quizás la pregunta no sea solamente cómo dejar de estar tristes, sino qué nos está queriendo decir esa tristeza. Escuchar ese mensaje, en lugar de acallarlo o ignorarlo, puede convertirse en el primer paso para generar cambios que nos acerquen a una vida más plena y más acorde a nuestras necesidades.
Autoras:
Alejandra Gónzalez – | Sexología & Psicología- https://www.instagram.com/alejandragonzalezpsicologia/
Valeria Bronstain – Coaching, Consultoría Psicologica – https://www.instagram.com/bronstainvaleria/

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida.
Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan.
info@somosinfancia.com.ar
Ig: @revista.somosinfancia

