La culpa también se digiere: el tabú de comer a escondidas

Cuando la alimentación deja de nutrir y comienza a juzgarnos. Se habla de calorías, proteínas, ayuno, ultraprocesados y suplementos. Pero pocas veces se habla de aquello que muchas personas viven en silencio: comer con culpa, ocultarse para comer o sentir vergüenza después de disfrutar un alimento.

La nutrición no ocurre solamente en el plato. También sucede en la mente, en las emociones y en la historia que cada persona construyó con su cuerpo. Cuando un alimento deja de ser comida y pasa a representar “fracaso”, “falta de voluntad” o “prohibición”, la relación alimentaria comienza a volverse dolorosa.

Muchas personas sostienen durante años un circuito invisible: restricción extrema, ansiedad, ingestas impulsivas, culpa y una nueva promesa de control. No siempre se manifiesta como un trastorno alimentario diagnosticado, pero sí puede deteriorar la salud emocional, la percepción corporal y la capacidad de registrar señales genuinas de hambre y saciedad.

Desde una mirada nutricional integrativa, resulta necesario comprender que el estrés, la exigencia corporal y la vergüenza también impactan en la manera de alimentarnos. El eje intestino-cerebro, la respuesta al estrés y los mecanismos emocionales que rodean la comida forman parte de una salud que no puede medirse únicamente con una balanza o un laboratorio.

Comer saludable no debería significar vivir vigilándose. Un alimento aislado no define la salud de una persona, del mismo modo que el placer no debería transformarse en castigo.

Tal vez el verdadero cambio nutricional comience cuando dejamos de preguntarnos solamente “¿qué estoy comiendo?” . Y nos animamos a preguntar: “¿desde qué emoción estoy comiendo y qué me digo después?”

Hablar de culpa alimentaria no es promover el descontrol. Es abrir una puerta hacia una alimentación más consciente, más compasiva y, finalmente, más saludable.

Abrite, buscá aliados en tu vida. Con el tiempo el cuerpo comienza a enfermar múltiples órganos. Este sistema de autoexigencia, intento de autocontrol y castigo, desencadena mucho dolor. También aislamiento, te invita a mentir, a dejar de ser vos y convertirte en tu propio enemigo.

Informes de últimos estudios basados en metaanálisis (2024), explican que cuánto más trabajemos con nuestro interior, nuestras dolencias, nuestros silencios; se reducen enormemente los índices de desarrollo de patologías tanto crónicas como autoinmunes desencadenadas por la culpa no trabajada.

Débora Szablinski

Nutricionista
Microbiota & Inflamación ~ Hormonas Miembro (RAIA) Mediciones Coach Holístico
CABA Y ZONA SUR
IG: @/nutricionysalud_ar

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