En mi nota de noviembre les contaba que la infertilidad fue para mí, un camino duro que me arrebató muchas cosas pero también me dejó muchos aprendizajes. ¡y de eso quiero hablar hoy!.
A medida que transcurrían los años y a prueba de mucho dolor yo iba haciendo mi propia experiencia de vida y aprendiendo mucho. Aprendizajes que no siempre se notaban o no parecían ser tal en ese momento, pero que sí con el tiempo pude ir capitalizando. Aquí les cuento algunos aprendizajes recibidos sobre infertilidad.
Aprendí a ser amable con quien se me cruce y ser muy cuidadosa con lo que digo y expreso, porque realmente no se qué puede estar pasando esa persona con la que me encuentro. A veces nos toca salir a sortear la vida sin fuerzas y con el corazón roto. Encontrarnos con gente amable hace que todo sea más fácil.
Aprendí que a veces se encuentra refugio en desconocidos con historias similares aún más que en los propios afectos. ¡Y que eso está bien! Encontrar personas que pasaron por algo similar se siente como “hablar el mismo idioma”, la empatía surge sin pedir permiso y a veces sólo bastan algunas miradas para decir “te entiendo”.
Aprendí que podemos estar muy acompañadas y sentirnos solas a la misma vez, porque en temas de infertilidad hay batallas que son sólo de una.
Aprendí que la frase “un silencio vale más que mil palabras” es muy cierta. Más de una vez necesité acompañamiento al lado en silencio y no tantas preguntas. No supe expresarlo cuando lo necesité pero hoy si lo aplico cuando tengo el privilegio de que alguien me cuente cómo está. En mi caso ese aprendizaje vino del acompañamiento de mi mascota. Ploky, mi perro, hizo un gran trabajo de sostén y me enseñó justamente ésto, “que se puede acompañar en silencio con absoluta presencia”.
Aprendí que una persona en duelo suele ser una persona cansada. El duelo es una de las situaciones de la vida más agotadora, que producen mucho cansancio físico pero por sobre todo emocional. Que a una persona en duelo hay que acompañarla, no exigirle.
Aprendí que actuamos como estamos, no como somos.
También aprendí que nada está bajo nuestro control, son simplemente jugadas de nuestra mente que nos hace sentir que llevamos las riendas de nuestras vidas.
Aprendí que postergar no significa abandonar. En algunos momentos necesitamos frenar, pausar, descansar para decidir si queremos continuar. Y si es así, estoy segura que retomaremos con más fuerzas.
Aprendí en carne propia, que las emociones no son buenas ni malas, simplemente están ahí para contarnos algo (aunque a veces no queramos sentirlas).
Hoy puedo mirar este recorrido con más perspectiva, compartiendo estos aprendizajes con profundo respeto por cada historia y cada proceso. Sabiendo que nuestra propia experiencia puede ser de gran ayuda para quien esté pasando por situaciones parecidas.

Counsellor en fertilidad y duelo gestacional
Acompañamiento en procesos con desafíos reproductivos
Ig:@patricia.peruzzo

