Mihaly Csikszentmihaly, en su libro «Flow» (del inglés fluir), explica que todos hemos vivido ocasiones en las que sentimos que teníamos el control de nuestras acciones y que esto nos causa regocijo, alegría. A eso el se refería como una “experiencia óptima”.
Se ha observado que cuando las personas entran en ese estado mental se cumplen ciertas características:
Estar involucrado en una tarea en la que nada más parece importar. La experiencia es sumamente placentera, por lo que la llevarían a cabo aún con un gran coste. El tiempo parece detenerse mientras se efectúa la tarea.
La musicoterapia
En musicoterapia se utilizan diversas herramientas. Estas tienen como objetivo desviar la atención del paciente o consultante de su dolor o aflicción y poder expresar sus emociones, su sentir, y aún descargar en forma inconsciente sus temores y angustia.
Ejemplo: un niño afectado con parálisis cerebral con dificultades de movilidad de sus miembros superiores, particularmente la utilización de sus dedos, la marcha y el habla es derivado a sesiones de terapia física.
La kinesióloga no consigue que el niño realice determinados ejercicios por falta de motivación. Recurre entonces a la musicoterapeuta. Esta le presenta instrumentos para tocar, un teclado, tambores, etcétera. Con el acompañamiento de la musicoterapeuta, el niño comienza a tocar y, de esa manera, logra que realice los movimientos esperados. Esto se produce por medio de una actividad que lo envuelve, lo entusiasma y promueve su deseo de expresarse olvidando sus propias dificultades.
En el caso mencionado se puede apreciar que la ejecución de instrumentos coloca al niño en ese estado de flow. Se abstrae de tener que ejercitar sus dedos y miembros superiores e inferiores como una tarea tediosa o dolorosa para transformar el momento en disfrute y concentración.
La misma situación se observa en otros casos como personas con trastornos mentales o adultos mayores con Parkinson o Alzheimer. La ejecución de instrumentos en forma libre y sin restricciones, o el uso de la voz cantada, otorga a los pacientes una nueva manera de ser y estar en el mundo. Se trata de una forma de decir: “este soy yo, y así sueno”.
Por: Graciela Sutta
Musicoterapeuta

Musicoterapeuta

