Ansiedad en vacaciones: cuando frenar también cuesta

Empezando el año, el tema de la ansiedad en vacaciones aparece como algo muy común. Aunque uno podría pensar que las vacaciones son sinónimo de descanso y disfrute, muchas personas experimentan ansiedad justamente en ese momento. Esto sucede porque venimos con un ritmo que cuesta frenar, atravesados por todo lo que implica diciembre y fin de año, y cuando nos encontramos con el ocio, lo recreativo y la falta de horarios, empieza a aparecer la ansiedad.

Las expectativas sobre el descanso

Las vacaciones suelen estar cargadas de expectativas: «la voy a pasar bien», «es mi momento», «tengo que disfrutar». A veces eso se da y a veces no. Esa carga que se le pone al descanso genera muchas exigencias que las personas se imponen a sí mismas. Además, lo que se piensa hacer en ese tiempo libre también está muy condicionado por lo que muestran las redes sociales, donde aparecen las vacaciones ideales, la familia reunida y todo perfecto. Esa comparación constante puede generar frustración y aumentar la ansiedad.

El encuentro con el otro y con el tiempo libre

Cuando aparece el tiempo libre, también aparece el encuentro con el otro, algo que durante el año muchas veces no sucede. Y no siempre es fácil encontrarse con el otro y pasarla bien. Cuesta compartir, cuesta desconectar y estar en el momento presente, ya sea en un café, en una comida o en un almuerzo. Incluso cuando se viaja o se va de fin de semana, muchas veces cuesta desenchufar la cabeza y poder decir «estoy acá, pudiendo descansar».

Las exigencias que uno se impone, sumadas a las que imponen la sociedad y las redes, hacen que sea difícil darse cuenta de esto. El automático de las obligaciones y de todo lo que se hace durante el año siempre tira.

¿Por qué nos cuesta tanto parar?

Cuando se frena, aparece una dificultad grande. Venimos tan enchufados al automático que no sabemos qué hacer cuando tenemos tiempo libre. No nos damos permiso para no hacer nada, para desconectar y conectarnos con el otro o con uno mismo.

Por un lado, cuesta parar porque no sabemos cómo hacerlo. Por otro, el hacer constante funciona muchas veces como un mecanismo de defensa. Cuando no hay nada para hacer, aparece el encuentro con uno mismo, con las emociones, con el mundo interno, con los pensamientos. Y ahí empiezan sensaciones que llevan a pensar que hay cosas de las que empezar a ocuparse.

La necesidad de control y la estructura

Para quienes necesitan control y estructura, las vacaciones pueden vivirse como una pérdida de estabilidad. Cuando la agenda deja de estar apretada y aparece el tiempo libre, esa desestructuración puede generar ansiedad. La ansiedad tiene que ver con la necesidad de control, y cuando ese control se pierde, especialmente en personas muy estructuradas, la ansiedad aumenta.

Esto también impacta en el cuerpo y en el sueño. Aparecen distintas manifestaciones físicas: inquietud, ansiedad con la comida, palpitaciones, malestar estomacal, constipación o diarrea. El cuerpo da señales, incluso en vacaciones, y encontrarse con uno mismo se vuelve un desafío.

La culpa y el círculo que se arma

La culpa ocupa un lugar importante. Aparece la idea de «no puede ser que esté de vacaciones y no pueda frenar», «esperé todo el año este tiempo y encima me siento mal». Entonces aparece la culpa por sentirse mal, y se arma un círculo de emoción tras emoción.

La culpa acompaña muchos procesos vitales. A veces, las exigencias propias y las expectativas puestas en las vacaciones hacen que, al no poder cumplirlas, la persona se sienta mal consigo misma por no hacer, por no concretar, por no ir.

Permitirse aflojar

En este tiempo, es importante empezar a ser más bueno con uno mismo. Permitirse estar sin horarios, permitirse desconectar y permitir que las cosas fluyan. Salirse un poco de la organización estricta y ver el día como viene: si llueve, si cambia el clima, qué se puede hacer.

Muchas personas arman una «rutina de vacaciones»: horarios, actividades, pendientes. Y así no terminan descansando nunca. El cuerpo necesita frenar en algún momento. El tiempo libre necesita ser tiempo libre de verdad, no solo tiempo sin trabajo ocupado por otras exigencias.

Tiempo libre de calidad

El descanso tiene que ver con poder estar sin horarios, levantarse más tarde si se da, disfrutarlo sin culpa y de manera consciente y presente. También implica descontracturarse del reloj y del celular, que abruman constantemente.

Tener como objetivo poder estar sin horarios, disfrutar el tiempo de otra manera y hacerlo más consciente puede ayudar a atravesar mejor este momento. Frenar puede desacomodar, pero también es una oportunidad para escucharse.

Luciana Ojeda

Médica Psiquiatra

Podes escuchar la nota radial sobre este tema, con la Dra. en nuestra canal: Redes de Bienestar – YouTube

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