Y del otro lado del ring, mi yo perfeccionista

Ser perfeccionista es una de las aptitudes que muchas personas declaran casi con orgullo (incluida yo hasta hace un tiempo atrás).Pero ¿cuáles son las implicancias de lo que declaramos?. Hoy: Y del otro lado del ring, mi yo perfeccionista.

Según la definición de Wikipedia “el perfeccionismo consiste en la creencia de que se puede y se debe alcanzar la perfección”.

De esa definición me interesa en principio destacar que es una creencia. Y resaltar que a mi juicio es lo que desde el coaching llamamos una creencia limitante.

La ilusión de que podemos y la exigencia de que no debemos cometer errores nos llevan a disminuir la eficiencia, procastinar y limitan nuestra capacidad de aprendizaje.

Habitar el cuerpo de un perfeccionista es estar en una pelea continua. Con esa parte nuestra a quien yo llamo “yo perfeccionista” que nos lleva a revisar mil veces una tarea. Y aun así estar convencidos de que podría estar mejor. Ello, nos impide poner en marcha proyectos. Porque cada vez que nos decidimos a dar un paso nos dice que algo nos falta, que no lo vamos a poder hacer bien.

Nos exige que seamos los mejores padres, hijos, hermanos, amigos. Y lo que es peor, a mi juicio, que cada vez que cometemos un error nos castiga implacablemente hasta que nos rendimos a sus pies y lo dejamos ganar.

Más sobre: Y del otro lado del ring, mi yo perfeccionista.

Los errores desempeñan un papel crucial en el aprendizaje, ya que nos ofrecen una oportunidad.

¿Cómo hacemos para aprovechar esa oportunidad?

Sea que nuestro yo perfeccionista fue creciendo por haber pertenecido en un sistema familiar donde se castigó duramente el error o se valoró excesivamente su ausencia, llevándonos a creer que nuestra aceptación, valoración o confianza dependía de ello, hoy tenemos la oportunidad de darnos cuenta de que no es así y bajarnos del ring.

La ilusión de que podemos tener todo bajo control y no cometer errores excede nuestra calidad de ser humano. Y nos coloca en un lugar de omnipotencia que no tenemos, entonces podemos frenar nuestras conversaciones internas autoexigentes y abrirnos a qué podemos descubrir a partir del error.

Una forma de autocuidado, es elegir que batallas vale la pena enfrentar, te invito a bajarte de esta. Desde mi experiencia en la consulta hay emociones positivas que te esperan fuera del ring: sorpresa, autoconfianza, serenidad, autocomprensión. Como así, la posibilidad de ser luz en otros que pueden estar librando esta misma pelea y ya no quieren seguir perdiendo o en quienes están creciendo a tu lado y pueden hacerlo desde un lugar más sano.

Y una cosa más, no solemos darle mucha importancia a la sorpresa, pero es el motor del aprendizaje ya que nuestro cerebro se activa ante la diferencia en el resultado esperado y busca nuevas respuestas.

¿Nos encontramos fuera del ring para seguir aprendiendo?

Mg. Liliana Ronchi

Magister en Coaching y Cambio Organizacional

Coach Esencial y por Valores

Fuente imagen: https://www.psymeetsocial.com/

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *