¿Por qué nos cuesta pedir ayuda psicológica?

Pedir ayuda puede parecer sencillo. Sin embargo, cuando se trata de salud mental, muchas personas atraviesan un verdadero laberinto interno antes de dar el paso de consultar a un profesional. Es así que surgen estas preguntas: ¿Por qué nos cuesta tanto? ¿Qué hay detrás de esa demora, de esa resistencia, incluso cuando el sufrimiento es evidente?

Escucho en el consultorio, muy a menudo, que persiste la idea de que debemos poder solos. Que pedir ayuda es un signo de debilidad, de fracaso, de falta de control. Y si a esto le sumamos el estigma que, aunque ha disminuido en los últimos años, todavía pesa sobre quienes buscan apoyo psicológico, podemos comprender el por qué nos cuesta solicitar ayuda psicológica o acceder a la ayuda de otros. Les comparto algunas frases que podemos escuchar en el espacio terapéutico tales como… «no estoy tan mal», «hay gente peor que yo», o el «me las arreglo como puedo» son frases que encubren, muchas veces, un temor más profundo: el de enfrentarse con uno mismo.

Pedir ayuda psicológica implica reconocerse vulnerable. Y eso no es sencillo en un mundo que idealiza la fortaleza como dureza, y el éxito como autosuficiencia. Pero los invito a repensarnos, y poder empezar a tener en cuenta que la fortaleza más profunda no es la que niega el dolor, sino la que se anima a mirarlo de frente. Acercarse a un espacio terapéutico es un acto de coraje, y no porque sea dramático, sino porque implica romper con mandatos, con silencios aprendidos, con creencias que nos alejan del bienestar.

Al consultorio muchas personas llegan cuando el cuerpo ya habla a través de síntomas, cuando la angustia desborda o cuando la soledad se vuelve insoportable. Pero también llegan con algo valioso que es el deseo… el deseo de comenzar a transformarse… de querer sentirse un poquito mejor. Porque pedir ayuda no es rendirse, pedir ayuda psicológica es empezar a cuidarse.

Es por eso que la psicoterapia no es una receta mágica ni un lugar donde alguien nos dice que tenemos que hacer. Se trata de un espacio para pensarse, para poner en palabras lo que duele, lo que se repite, lo que pesa. Es un encuentro donde la escucha, el respeto y la confidencialidad permiten reconstruir una relación más amable con uno mismo.

A veces, el obstáculo no es la gravedad del problema, sino la idea equivocada de que «esto lo tengo que resolver sol@». Pero nadie se sana aislado y reconocer que necesitamos ayuda no nos hace menos, nos hace más humanos, y eso…no saben lo que alivia.

Por: María Florencia Barcz

Lic. en Psicología – MP 75749 MN 83856

psicobarcz@gmail.com

María Florencia Barcz

Lic. En Psicóloga (MP 75749-MN 83856). @psyke_lic.psicobarcz 1132986199

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