Evitar puede sentirse como una forma de cuidado. Postergar, callar, esquivar. En el momento alivia. Pero a la larga, eso que evitás también tiene un costo. ¿Qué pasa cuando evitar se vuelve un hábito?
Algo que nos pasa más de lo que creemos
En psicología la evitación es un mecanismo que puede tener que ver con distintas cosas.
A veces es más como a nivel cognitivo, por ejemplo, cuando intentamos evitar ciertos pensamientos, en esto de suponerte: «no, no, yo en eso prefiero no pensar, prefiero ni siquiera traerlo a la cabeza». Y entonces evito pensar ciertas cosas.
También se pueden evitar situaciones, lugares. Es muy común incluso hoy que, bueno, el tema de los ataques de pánico. Muchas veces cuando hay ataques de pánico, por ejemplo, alguien que le ha agarrado un ataque de pánico en un shopping, en un colectivo, en donde sea, entonces por ahí para que no le vuelva a pasar, evita ir a esos lugares.
Y, de la misma manera, también podemos evitar discusiones, evitar confrontar con otras personas, decirle, por ejemplo, a mi jefe o a mis compañeros lo que me pasa, lo que necesito, lo que siento.
El alivio en el corto plazo
El tema de la evitación es que la evitación baja la ansiedad en el corto plazo, ¿no es cierto?
Porque, por ejemplo, a mí por ahí me da mucha ansiedad tener que ir y decirle algo a alguien o tener que expresar mi disconformidad respecto de algo. Y en el momento no decirlo y hacer de cuenta que está todo bien, como se suele decir por ahí en lo cotidiano, me me trago lo que me pasa.
Entonces, en ese instante, aparece ese pensamiento: «Bueno, ya está, no se lo dije». Y es como que me baja la ansiedad, porque no tengo que pasar por esa situación incómoda.
Cuando el costo aparece
Pero a la larga se me va reduciendo muchísimo mi mundo y mi espacio vital. Y además voy también sin quererlo evitando mi bienestar.
Porque cuando yo, por ejemplo, no le digo a mi pareja o a mi jefe o a un amigo aquellas cosas que me incomodan, en el momento me baja la ansiedad porque no confronto con esa persona. Pero me voy sintiendo cada vez peor yo.
Ahí es donde empieza a verse algo importante: lo que calma en el momento, después empieza a pesar.
Lo que se acumula
De tanto callarme, callarme, callarme y evitar determinadas situaciones, en general termino después explotando.
Y entonces todo eso que yo quise evitar por no decirlo en el momento correcto o de la forma correcta, termina apareciendo igual, pero de una manera mucho más intensa.
La consecuencia termina siendo como mucho peor de lo que hubiera sido si a lo mejor yo me hubiese animado a decir algo en ese momento.
Lo que hay detrás
Hay como muchos mecanismos inconscientes, creencias muy arraigadas.
Algunas pueden venir de casa, como, por ejemplo, esto de ser una nena buena o de ser calladita o de no armar lío. Entonces aparece como una idea: que si digo lo que pienso o planteo algo, es como que se estuviera arruinando el momento.
También puede estar basado en situaciones que viví. Por ejemplo: «una vez ya probé, no me fue bien, no vuelvo a probar». Entonces prefiero callarme.
Confrontar no es pelear
En psicología, cuando hablamos de confrontar, no estamos hablando de ir al choque, de ir a pelearme con alguien. Tiene más que ver con poder confrontar una situación.
Es animarme a exponerme de a poquito a esa cosita. Hacer eso que no me animo o a eso que yo evitaba.
¿Por dónde empezar?
Lo primero es registrar.
Ver qué me incomoda o darme cuenta de que estoy evitando muchas situaciones y que mi vida quizás no es la que quiero y hay algo que me está como molestando.
Entonces, primero reconocer, después darme cuenta qué es lo que estoy evitando y después, en todo caso, empezar de a poco: «bueno, pruebo de decirle esto, chiquito».
Una pregunta necesaria
También aparece una pregunta importante: ¿de qué me pierdo evitándome esto?
Porque si es, por ejemplo, evitar una reunión o una conversación que incomoda, también me estoy perdiendo de juntarme con gente que quiero, de ver a gente que quiero.
Cada elección que uno hace tiene una ventaja, pero también tiene un costo.
Animarse
A veces, cuando se trabaja y finalmente alguien se anima, pasa algo muy claro: «me animé y no fue tan grave».
Y en otras situaciones más profundas, después aparece ese registro: «no puedo creer cómo no lo hice antes».
Porque muchas veces uno pospone, pospone, pospone, para no pasar por ese momento incómodo. Pero cuando finalmente se anima, aparece una sensación distinta: la libertad de haberse liberado de algo que venía evitando hace mucho tiempo.
Porque muchas veces no es lo que pasa lo que más pesa, sino todo lo que evitamos.
Escucha la charla en la radio sobre le tema:

Psicóloga y docente
Enfoque integrativo
EMDR
Psicoterapia Online al y presencial en Rosario
@psicolaralevyon

