Yo trato de hacer siempre esto que llamo mi viaje interior. ¿Por qué? Porque nuestra casita interior, la que muchas veces dejamos descuidada durante años, necesita que volvamos a mirarla. Cuando entramos en ella después de tanto tiempo, lo primero que encontramos es la oscuridad. Todo parece apagado, roto, descuidado. Pero encender la luz nos permite ver con honestidad lo que hay dentro: las paredes gastadas, los muebles viejos, pero también los rincones donde todavía queda fuerza, potencial y esperanza.
Ser honesta conmigo misma no siempre es fácil. Significa reconocer que tengo debilidades, que no lo sé todo, que a veces voy por la vida con máscaras. También significa ver mis fortalezas y darme cuenta de que no hace falta compararme con nadie: este es mi proceso, a mi manera. Aprender a escucharnos, a reconocer nuestras emociones, a dialogar con nosotras mismas, es el primer paso para liderar nuestra vida desde adentro.
Mi viaje interior también me enseñó a valorar el humor. Reírme de mis torpezas, de mis equivocaciones, de lo que a veces me parece caótico, no lo veo como trivialidad. Es una manera de soltar, de poner perspectiva, de recordarme que puedo vivir con ligereza incluso cuando las cosas parecen pesadas.
He trabajado con terapias holísticas, coaching y distintas herramientas de desarrollo personal. Pero lo más importante es que aprendí a mirar mi propia vida, a cuestionarme y a preguntarme: «¿Qué quiero ahora? ¿Qué necesito para sentirme completa?» Ese viaje no termina nunca; siempre vamos cambiando, siempre descubrimos nuevas capas de nosotras mismas.
En este proceso me doy cuenta de que muchas veces vamos por la vida con la cabeza ocupada en los demás, y el mundo no tiene la culpa de nuestras problemáticas. Entonces nos enchufamos, socializamos, convivimos… y a veces olvidamos cómo estamos realmente por dentro. El viaje interior es justamente eso: meternos en nuestra casa, aceptar lo que encontramos y empezar a transformarlo, paso a paso, con paciencia.
Y también aprendí que el viaje implica balancear lo que se pierde con lo que se gana. Siempre se pierde algo, siempre se gana algo. Lo importante es ponerlo en la balanza y ver qué nos sirve. Aprender a ser honestos con nosotras mismas, aceptar nuestras emociones y nuestras limitaciones, y tener la valentía de preguntarnos: «¿Qué quiero cambiar? ¿Qué quiero sostener?» Ese es el corazón de mi viaje interior.
El viaje interior me permite también mirar mis relaciones y mi entorno desde un lugar más consciente. Entiendo qué hago por elección y qué hago por obligación, y aprendo a actuar desde mis valores y mi autenticidad. No siempre es fácil bancar la incertidumbre, soltar lo conocido y animarse a lo nuevo. Pero cada paso que doy me enseña algo sobre mí, me conecta con mi esencia y me ayuda a vivir con más coherencia y bienestar.
Creo que ese es el verdadero viaje: entrar, mirar, aceptar, transformar y salir otra vez al mundo, más completa, más consciente, más presente. Porque cuando nos encontramos con nosotras mismas, todo a nuestro alrededor empieza a cambiar también.
Para cerrar, te invito a preguntarte:
¿Cuándo fue la última vez que entraste en tu propia casa interior?
¿Qué rincones de tu vida necesitan tu luz hoy?
¿Te animás a mirar con ternura aquello que has descuidado?
María Cristina Villalba

Counselor- Biodecodificadora- Coaching
Te compartimos la charla de la profesional en nuestro programa radial:

