«Hoy vamos a hablar sobre algo que muchas veces genera confusión: la diferencia entre un grupo terapéutico y la terapia grupal». Así empezaba la charla con Marisa Pérez Labat, psicóloga, mediadora y terapeuta integrativa, que lleva más de 35 años acompañando procesos personales y grupales con una mirada amplia y humana.
Marisa lo explica con claridad desde su recorrido: «No es lo mismo un grupo terapéutico que terapia en grupo. En el grupo terapéutico no se cuenta la historia, se trabaja el síntoma. En cambio, en la terapia grupal, cada persona cuenta lo que le pasa y el terapeuta interviene sobre eso. Son espacios diferentes, con objetivos distintos.»
De la docencia al trabajo con grupos
Su historia profesional comenzó entre pizarrones y aulas. «Yo estaba entre ser profesora de matemática o psicóloga —cuenta entre risas—, pero sentí que quería ayudar y elegí la psicología. Igual, la docencia me encantaba, y con el tiempo la vida me devolvió ese camino».
Trabajó en escuelas, universidades y centros de adultos. Allí descubrió que enseñar también podía ser una forma de acompañar: «No es lo mismo un grupo de adolescentes que un aula con personas de distintas edades, historias y dolores. Siempre me importó pensar cómo comunicarme con el otro.»
Esa vocación de integrar saberes la llevó a formarse en mediación, registros akáshicos, terapia de vidas pasadas, decodificación bioemocional, tarot terapéutico y neurociencias, entre muchas otras herramientas. «Por eso me defino como una psicóloga integrativa —dice—, porque uno no deja de ser lo que aprendió, pero puede sumar recursos para acompañar de un modo más completo.»
Del autoayuda al grupo terapéutico
Durante años coordinó grupos de autoayuda para padres divorciados. «El objetivo era proteger a los niños del impacto emocional del divorcio. En los grupos de autoayuda se comparte la experiencia, nadie juzga y todos tienen la misma problemática. En cambio, en el grupo terapéutico cada persona viene con su propio síntoma. No se cuenta la historia: se trabaja lo que duele, lo que está trabado.»
Marisa explica que en esos espacios, que coordina desde hace años, combina distintas técnicas: «En un grupo terapéutico uso ejercicios, dinámicas, tarot, meditación, decodificación… todo lo que ayude a abrir conciencia. Hoy trabajo con lo que llamo los ‘cinco caminos del ser’. Cada persona identifica su síntoma —esa piedrita en el zapato— y lo aborda desde diferentes miradas.»
Reglas claras, vínculos sanos
Una de las partes más interesantes de la charla fue cuando explicó cómo se cuida el espacio grupal: «El grupo terapéutico tiene reglas. No se juzga, no se interrumpe y no se opina sobre el proceso del otro. Yo puedo decir ‘esto que escuché me conmovió’ o ‘me sentí identificada’, pero no puedo decir ‘vos tendrías que’. Hay un terapeuta que cuida el espacio y marca los límites.»
También aclara que el grupo no reemplaza la terapia individual, sino que la complementa: «En el grupo aparece algo que no surge en lo individual: la resonancia. Lo que el otro dice me espeja, me mueve algo. Y eso también cura.»
La identidad del grupo
Entre las muchas imágenes que dejó la charla, hubo una que se quedó dando vueltas: la de la silla vacía. «En mis grupos siempre dejo una silla vacía. No representa al que faltó, sino la identidad del grupo. Es la forma de recordar que acá no estamos solos, que hay algo más grande que nos une. El grupo tiene una energía propia.»
Al final, Marisa resumió en pocas palabras el sentido de este trabajo: «Nada de esto suplanta la terapia individual. Pero el grupo te compromete, te espeja, te sostiene. Y muchas veces, te ayuda a avanzar más rápido. Porque cuando compartimos lo que nos duele, también compartimos la posibilidad de sanar.»
Marisa Pérez Labat

Psicóloga
Neurodecodificación laboral / Biodecodificación / Talleres vivenciales grupales
Te compartimos la charla de la profesional en nuestro programa radial:

