Gestión del estrés cotidiano

La importancia del minimalismo emocional y los micro momentos de autocuidado.

Entendiendo que el estrés es una respuesta normal adaptativa al entorno, es súper importante aprender a gestionarlo. Ya he hablado en otra oportunidad sobre el impacto del estrés crónico en nuestra salud, por eso aquí vamos con herramientas claves, simples y efectivas para gestionar el estrés en la rutina diaria.

¿Qué es el minimalismo emocional?

«Menos es más», hemos escuchado muchas veces y esta no será la excepción. En el afán de sanar, muchas veces nos vemos envueltos en centenares de terapias, tratamientos, suplementos, etc, donde nos olvidamos de lo básico (sin mencionar que terminan convirtiéndose en una exigencia por lograr el bienestar, olvidándonos del disfrute y del proceso).

Volver a lo básico significa comprender que realmente hacemos lo que podemos y que, a veces, no podemos nada. Entonces, en estos momentos es fundamental recurrir a pequeños hábitos que nos regulen y alineen con nosotros mismos.

Minimalismo emocional es poco, pulsante, simple y concreto. Es ir una cosa a la vez, volver constantemente y las veces que necesites, la mente al presente pasando primero por el cuerpo. Es por ejemplo, si sentís dolor de panza, frenar, sentir, habitar, no escapar, darle lugar y luego mentalmente ponerle nombre a ese dolor. Simple y concreto. No hay muchas terapias ni vueltas. Es también y muy importante, registrar si te estás hidratando bien o si descansas de noche, es decir el registro de las necesidades básicas.

Necesitamos urgentemente volver a la simpleza, asimilar una cosa a la vez y priorizar el registro de nuestro cuerpo.

Recordemos que el sistema nervioso aprende por repetición. Genera acciones en función de las creencias que tenemos, buscando siempre la supervivencia. NO hace lo que le conviene, hace lo que aprendió que necesitaba para sobrevivir, aún si esto, hoy, no es lo más efectivo.

Entonces, si estamos bajo estrés cotidiano, es probable que nuestro sistema nervioso entienda que tiene que resolver rápidamente, que se le dificulte el foco atencional, que no pueda priorizar lo que tiene que hacer y que no haya lugar para el disfrute. Porque, a fin de cuentas, el estrés es una señal de alarma donde nuestro sistema nervioso no puede diferenciar si lo que sucede es real o imaginario, solo busca sobrevivir y en la supervivencia no hay lugar para el descanso.

Es, ese estado de hiperalerta e hiperestimulación sostenido, el que nos termina enfermando.

La buena noticia es que podemos entrenarlo para que regrese al estado de relajación. Es un entrenamiento, una práctica, un ejercicio consciente.

Aquí van algunos micro momentos de autocuidado que espero les resulten útiles:

Hace una cosa a la vez. Cuando la mente se vaya, traela al presente, las veces que necesites.

Elonga y mové las articulaciones. Unos minutos después de despertarte o durante tu jornada laboral. Afloja los hombros, estira la espalda, las piernas, relaja la mandíbula y las manos.

Lavate la cara con agua fría ni bien te levantes o las veces que necesites a lo largo del día. El cambio de temperatura ayuda a bajar los pensamientos y te trae al presente.

Hace contacto con la naturaleza y el sol. La exposición solar estimula la producción de vitamina D encargada, entre otras cosas, de disminuir los niveles de cortisol por lo que funciona como ansiolítico natural.

Hace ejercicio: Si no tenés tiempo para entrenar, movete, en lo cotidiano. Bajate antes del colectivo, estaciona el auto más lejos, desvíate unas cuadras cuando vuelvas del trabajo o camina hasta la estación de tren. Podés poner música en casa y bailar o hacerlo mientras cocinas o pones la ropa a lavar.

Respira. Cada vez que recuerdes que sos un ser humano que respira, hacelo por la nariz. Inhala y exhala buscando que la exhalación sea más larga. Hacelo las veces que lo necesites.

Disminuí el uso del celular. Algunas estrategias prácticas pueden ser: no lo dejes cargando en la mesita de luz y compra un despertador para no depender de ese recurso para despertarte, también podés ponerlo dentro de una media. No vayas al baño con él, desinstala las aplicaciones que te abducen por horas. Poné en modo avión o no molestar a la noche.

Lee. Una o dos carillas al día. De algún libro que no tenga nada que ver con nada de lo que haces. Descubrí qué te atrae, conmueve y gusta

Escribí. Pone el temporizador 3 minutos y volcá tus pensamientos en papel, No hace falta que leas después si no querés.

Comida real. Casera, colores y sabores. No es hacer dieta, pasar hambre y comprar media dietética gastando un dineral. Es nutrir a tu cuerpo (y mente) de comida de verdad, con menos etiquetas y con productos que sepas de dónde salen.

Recordá: los grandes cambios empiezan por cambios pequeños. Ahora a poner manos a la obra, aprende a priorizarte. No lleva tanto tiempo y podes mechar estas herramientas en tu rutina cotidiana. ¿Estás listo?

Por Natalia Lamónico

Dra. en Psiquiatría

Natalia Belén Lamónico

Médica especialista en Psiquiatría MN 161073 II MP 339118. @psiq.lamonico

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *