“—¡Dale, corre! —grita la mamá.
Agarrás las llaves del auto y salís rápido, sin siquiera saludar. En el camino seguís refunfuñando un par de veces, sin prestar atención a nadie. La vecina sonríe y te saluda, pero por lo bajo siempre repite lo mismo: “A este tipo no le enseñaron modales”. Hoy: El mundo sin pausa.
Pensás que, al final, no era tan urgente como te habían dicho por teléfono. Solo se fracturó dos dedos, dijo el doctor.
En el camino a casa lo culpaste del hecho, diciéndole que si hubiera ido a entrenar, esto no habría pasado. Él llora, porque se siente responsable. Se da cuenta de que no podrá jugar al fútbol por un tiempo. Se siente miserable. ¿Qué va a hacer ahora? ¿De dónde sale esa culpa que tanto siente? Se acuerda de lo que le dijo el entrenador: “¡Vos salí y comete la cancha!”. Eso lo alivia un poco, porque hizo lo que el profe le dijo, pero no resultó bien. Su hermana se ríe. Le dice que es un muerto, que se dedique a otra cosa.
Al otro día en la escuela, sus compañeros se burlan de él porque tiene un yeso y camina con muletas. “Eso le pasa por hacerse el que juega al fútbol”, dice una compañera…”
¿Cuántas veces nos arrebataron eso que tanto queríamos? ¿Cuántas veces nos sentimos miserables o culpables por decisiones o circunstancias ajenas? A veces, aunque hayamos hecho todo, dado el 100%, no conseguimos eso que tanto anhelamos. Nuestras circunstancias, nuestro contexto, generan en nosotros emociones que nos pesan, nos confunden, nos hacen dudar de nuestro valor y nuestras capacidades.
El mundo sigue en movimiento, sin detenerse, y muchas veces nos arrastra en su inercia. Nos exige rapidez, respuestas inmediatas, nos empuja a actuar sin reflexionar. Pero, ¿a dónde nos lleva tanta prisa? Tal vez sea momento de hacer una pausa, de observarnos, de entender que cada experiencia, incluso las que duelen, nos ofrece la posibilidad de crecer.
Pero, ¿y si en lugar de culparnos nos permitimos aprender? ¿Si en vez de enfocarnos en lo que no logramos, nos enfocamos en lo que podemos construir a partir de la experiencia? La derrota no siempre es el final, a veces es solo un punto de inflexión, una oportunidad para vernos con otros ojos y descubrir que nuestro valor no depende de un solo partido, de una decisión o de la opinión de los demás.
Tal vez hoy duele, tal vez parece injusto, pero en unos días, en unas semanas, entenderemos que la vida no se trata solo de correr sin pausa, sino de aprender a detenernos, mirarnos, y seguir adelante con más fuerza.
El coaching ontológico nos invita precisamente a hacer esa pausa. Nos ayuda a cuestionar nuestras interpretaciones, a revisar las historias que nos contamos sobre lo que nos sucede. Nos desafía a dejar de ser víctimas de nuestras circunstancias y a elegir desde una nueva conciencia.
Porque siempre podemos cambiar la mirada, redescubrirnos y crear posibilidades donde antes solo veíamos límites. Te invito a transformar tu vida con el coaching ontológico.
Derechos de autor: Erica Colom

Coach Ontológico Profesional
Profesora de Nivel Primario

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida.
Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan.
info@somosinfancia.com.ar
Ig: @revista.somosinfancia

