¿Dónde huía mi madre?

A menudo me pregunto dónde huía mi madre cuando no podía más.

Qué quedó para ella.

No para la que se levantaba antes para despertarme, para hacerme el desayuno, para limpiar mi mierda, la que vigilaba que no me cayera, la que me llevaba al médico, se agachaba para atarme el cordón del zapato. Ccogía papel de cocina para recoger mi vómito y se vomitaba ella al lado, la que me mandaba a terminar la fruta antes de levantarme la mesa, la que iba a hablar al colegio, la que trabajaba como enfermera en un hospital toda la noche y llegaba a casa para seguir trabajando sin descanso.

Sino para la mujer que había debajo de toda esa montaña.

La mujer que fue y la que pretendió ser a pesar de la maternidad

Y ahí me pregunto qué rincón propio le quedó, cómo lo defendió, qué baluarte de la intimidad tuvo mientras solo podía cuidar de los demás.

Me pregunto quién cuidó de mi madre cuando se sintió perdida como una niña pequeña sin saber bien qué hacía ni cómo hacerlo, quién escuchó el ruido de su incertidumbre y sus culpas.

Me pregunto cómo fue estar tan lejos de sí misma y si alguna vez se arrepintió de ser madre.

Porque aunque me quisiera ella también se desesperó y se hartó de mí muchas veces.

Me pregunto si mi madre tenía un sitio para esconderse de la madre que era.

Y sé que sí.

Porque vi el rimmel corrido, escuche las risas y la vi bailar, vi su escote, sus pendientes largos, las lentejuelas.

Vi todo lo que defendió y a lo que se aferró que no fue sino celebrarse a pesar de mí.

Porque mi madre se deslizaba debajo de mi cama, como un monstruo pero a la inversa, y se iba por allí.

A llorar, a hacerse un dedo y fumar pitis, a leer el Hola, a seducir y dejarse seducir, a acostarse con hombres y con mujeres, a comer percebes sola, a cagarse en todo, a vivir.

Y luego volvía.

Un refugio al margen de lo que debía hacer para volver a ser.

A menudo pienso que me hubiera gustado devolverle a mi madre todos los cuidados que me proporcionó. 

No tuve tiempo porque se murió.

Pero me quedaron los demás.

Tratar bien al resto es una forma de dar las gracias a las personas que nos cuidaron.

Todo lo que aprendimos de ellas.

Antes de que desaparecieran.

Fuente: @roygalan

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