Definimos al estrés como la respuesta adaptativa frente a desafíos y demandas (físicas o emocionales). El estrés no es patológico, es una respuesta normal que nuestro organismo pone en marcha para transitar las circunstancias cotidianas. Al ser una respuesta adaptativa nos sirve para identificar situaciones posiblemente peligrosas y responder adecuadamente, con lo cual, podemos concluir en que es necesario y en que actúa como mecanismo de defensa. Hoy: ¿Cómo impacta el estrés crónico en nuestro sistema nervioso y endocrino?
El estrés, en su justa medida, es una respuesta natural y adaptativa que nos prepara para enfrentar desafíos. Sin embargo, cuando se vuelve crónico (en intensidad y sostenido en el tiempo). Sus efectos pueden ser nocivos para nuestra salud, especialmente para el sistema nervioso y endocrino, que trabajan en conjunto para mantener el equilibrio de nuestro organismo.
Esto es fundamental, sobre todo cuando contemplamos la profunda crisis socioeconómica y cultural que atravesamos a nivel mundial y particularmente en nuestro país. Es una obviedad asimilar que, si tenemos que exponernos a largas jornadas de trabajo porque no llegamos económicamente a fin de mes, la salud pública pende de un hilo, los vínculos interpersonales están en crisis, la violencia se ha vuelto cotidiana en las calles, entre otros factores; el estrés se ha convertido en una pandemia en la que todos nos encontramos inmersos y de la que es necesario hablar.
¿Cómo responde el sistema nervioso ante el estrés?
Cuando percibimos una amenaza, nuestro sistema nervioso central (SNC), particularmente el hipotálamo, activa una serie de eventos. Se envía una señal a la médula suprarrenal para que libere catecolaminas, como la adrenalina y la noradrenalina. Estas hormonas son responsables de la clásica respuesta de «lucha o huida», así el corazón late más rápido, la presión arterial aumenta, la respiración se acelera y los músculos se tensan.
A corto plazo, esto es beneficioso, pero bajo estrés crónico, esta activación constante puede llevar a una hiperactivación del sistema nervioso simpático, haciendo que el cuerpo esté en un estado de alerta constante, agotando recursos y generando fatiga. Se produce además neuroinflamación mediante la liberación de citocinas proinflamatorias en el cerebro. Esto, puede dañar las neuronas y afectar funciones cognitivas como la memoria y la concentración, y por otro lado, se pueden desequilibrar los niveles de neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina y el GABA, lo que contribuye a trastornos del estado de ánimo, ansiedad y problemas del sueño.

¿Cómo responde el sistema endocrino frente al estrés?
Paralelamente, el estrés crónico impacta profundamente en el eje
hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA), el principal sistema de respuesta al estrés del cuerpo. El hipotálamo libera la hormona liberadora de corticotropina (CRH), que estimula la glándula pituitaria para que libere la hormona adrenocorticotrópíca (ACTH). La ACTH, a su vez, viaja a las glándulas suprarrenales, que liberan cortisol, la principal hormona del estrés.
Aunque el cortisol es vital para regular muchas funciones corporales, su presencia elevada y sostenida debido al estrés crónico puede provocar disfunción del eje HPA, ya sea por una hipersensibilidad o por un agotamiento, lo que dificulta la regulación adecuada de la respuesta al estrés. A largo plazo este eje suprime el sistema inmunológico, haciéndonos más vulnerables a infecciones y enfermedades.
El cortisol crónicamente elevado puede aumentar los niveles de azúcar en sangre, promover el almacenamiento de grasa abdominal y contribuir a la resistencia a la insulina, aumentando el riesgo de diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares.
No menos importante, este estrés crónico también puede afectar otras hormonas, como las hormonas tiroideas y las hormonas sexuales, llevando a problemas de tiroides, irregularidades menstruales o disminución de la libido.
Más sobre: ¿Cómo impacta el estrés crónico en nuestro sistema nervioso y endocrino?
Como conclusión, el estrés crónico no es simplemente una molestia; es un factor de riesgo significativo para una amplia gama de problemas de salud física y mental.
Sus efectos en el sistema nervioso y endocrino son intrínsecos, creando un ciclo de desregulación que puede afectar nuestro bienestar general. Reconocer los síntomas del estrés crónico y adoptar estrategias efectivas para manejarlo como el ejercicio físico, la respiración consciente, una dieta equilibrada, un sueño adecuado y vínculos vitamina, serán fundamentales para proteger estos sistemas vitales y prevenir padecimientos.
Te propongo frenar unos minutos en la vorágine que supone la vida actual y preguntarte, ¿Qué cambios que están a mi alcance puedo hacer para lograr una mejor calidad de vida? ¿Qué pequeños hábitos puedo incorporar en mis rutinas que regulen mi organismo?.
“ Dando vueltas por ahí,pateo mi cerebro por el suelo. Estos son los días en que nunca llueve, pero todo se desborda… bajo presión” – cita la banda Queen en
colaboración con David Bowie.
Por: Natalia Belén Lamónico

Médica especialista en psiquiatría MN 161073 II MP 339118

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