En una charla en Redes de Bienestar, la licenciada en Psicología Micaela Rodríguez reflexionó sobre qué ocurre cuando las emociones toman el control, por qué reaccionamos de manera impulsiva y cómo pequeñas acciones pueden ayudarnos a cuidar nuestros vínculos.
¿Cuántas veces reaccionamos de manera impulsiva y, unos minutos después, pensamos que podríamos haber actuado de otra forma? Esa diferencia entre reaccionar y responder fue el eje de la conversación que mantuvo la licenciada en Psicología Micaela Rodríguez en el programa Redes de Bienestar.
La profesional explicó que reaccionar y responder no son lo mismo. Mientras que la reacción aparece de manera automática, casi sin tiempo para pensar, responder implica hacer una pausa que permite elegir cómo actuar.
«Reaccionar es algo automático; responder supone detenerse un momento y elegir qué hacer», expresó.
Las emociones intensas, ya sean de enojo, tristeza o incluso de alegría, pueden llevarnos a actuar impulsivamente. Sin embargo, la profesional remarcó que cada persona reacciona de manera diferente. Porque esas respuestas están atravesadas por la historia personal, las experiencias vividas y las propias creencias.
Un mismo comentario puede generar una reacción distinta según quién lo reciba. Lo que para una persona puede ser una observación constructiva, para otra puede despertar heridas, recuerdos o inseguridades. Comprender la propia historia también ayuda a comprender por qué reaccionamos de determinada manera.
Uno de los interrogantes que surgió durante la entrevista fue por qué reaccionamos más con algunas personas que con otras. La profesional señaló que los vínculos más cercanos suelen despertar nuestras mayores vulnerabilidades. No obstante, aclaró que también influye la personalidad de cada uno, la importancia que le damos a la mirada de los demás y el momento de vida que estamos atravesando.
A partir de una experiencia personal, contó que durante muchos años tendía a guardar lo que sentía y permanecía en silencio, mientras que actualmente nota que, en ocasiones, responde con mayor rapidez. Para la profesional, lo importante no es buscar la perfección sino reconocer lo que ocurre y trabajar sobre ello.
Otro aspecto abordado fue el registro de las propias emociones. Muchas veces, cuando reaccionamos, no somos conscientes de lo que ocurre en ese instante. Ese registro suele aparecer después, cuando la intensidad emocional disminuye y podemos pensar que tal vez la situación no era tan grave o que podríamos haber respondido de otra manera.
También puede suceder que ese registro llegue a partir del otro. A veces una persona nos dice que le hablamos mal o que la lastimamos y recién entonces tomamos conciencia del impacto que tuvo nuestra reacción. Validar lo que siente el otro, aunque para nosotros no haya sido tan importante, también forma parte del cuidado del vínculo.
La conversación también puso el foco en el impacto del estrés, el cansancio y el ritmo de vida actual. Dormir poco, atravesar jornadas difíciles o sostener altos niveles de ansiedad pueden favorecer respuestas impulsivas.
La profesional destacó que no solamente reaccionamos hablando o gritando. La impulsividad también puede aparecer en otras conductas, como buscar lo inmediato o elegir siempre lo más fácil.
Frente a esto, explicó que no se trata de dejar de sentir emociones, porque sentir es parte de la vida, sino de aprender a reconocerlas. La propuesta es comenzar con pequeños cambios posibles, sin pretender modificar todo de un día para otro.
Entre las herramientas cotidianas mencionó reconocer lo que se siente, ponerlo en palabras, expresar cuando no es un buen momento para conversar, respirar profundamente, salir a caminar, hacer actividad física o simplemente tomarse unos minutos antes de continuar una discusión.
Para la profesional, verbalizar lo que nos ocurre ya constituye un primer paso importante. Poder decir «estoy enojado», «necesito un momento» o «prefiero hablar más tarde» puede evitar conflictos innecesarios y favorecer conversaciones más saludables.
La pausa aparece, así como un recurso fundamental. No elimina la emoción, pero permite que la persona pueda decidir cómo actuar en lugar de dejarse llevar únicamente por el impulso.
Cuando estas reacciones impulsivas se vuelven parte de la vida cotidiana, generan discusiones constantes, deterioran los vínculos o producen culpa, arrepentimiento o sensación de pérdida de control, la profesional explicó que es momento de pedir ayuda.
Trabajar estos aspectos con un profesional permite comprender qué hay detrás de esas reacciones y desarrollar nuevas formas de responder frente a las distintas situaciones de la vida. Además, remarcó que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de valentía, y recordó que estas dificultades pueden trabajarse y modificarse con el tiempo.
Hacia el final de la entrevista compartió una frase que resume el espíritu de la conversación:
"Entre lo que nos pasa y lo que hacemos hay un espacio. En ese espacio está la libertad de elegir."
Esa pausa, por pequeña que parezca, puede marcar una gran diferencia. Puede ayudarnos a responder en lugar de reaccionar, a cuidar nuestros vínculos y a construir relaciones más saludables. Siempre recordando que no se trata de no sentir, sino de aprender a elegir cómo actuar frente a aquello que sentimos.
Te compartimos la charla de la profesional en nuestro programa radial:

Lic. en Psicología | M.N 88154 |
Ansiedad, depresión, estrés, vínculos.
Atención virtual
IG: @psicmicaelarodriguez

