Hablamos de violencia siempre que un acción, palabra u omisión ejercida por una persona sobre otra provoca un daño que puede ser físico, psíquico, sexual, económico, social o laboral.
La violencia intrafamiliar es una de las problemáticas más amplias y complejas que se viven hoy en nuestra sociedad. No tiene un solo rostro ni se manifiesta de una única manera. Esta puede ser física, pero también puede manifestarse a través de insultos, amenazas, humillaciones, control, manipulación o maltrato psicológico, y puede ser ejercida tanto por hombres como por mujeres.
Si bien, en general son las mujeres quienes más denuncian ser víctimas de violencia, esta no hace distinción de sexos. Significa reconocer que, dentro de las familias, cada historia merece ser escuchada y comprendida en su particularidad. Así, la historia personal de cada uno, muchas veces lleva a naturalizar la violencia como forma de vincularse o de corregir y esto ocurre tanto a mujeres como a varones.
Los hijos son quienes más sufren sus consecuencias. Si se ejerce violencia sobre ellos o si ven a sus padres vincularse de manera violenta. A veces, se piensa que un niño no está siendo afectado porque la violencia no está dirigida directamente hacia él. Sin embargo, escuchar discusiones, gritos o amenazas, presenciar situaciones de maltrato o vivir en un ambiente de tensión permanente puede generar miedo, angustia e inseguridad.
También ocurre que los hijos terminan ocupando un lugar que no les corresponde. Son quienes llevan mensajes de un padre al otro, escuchan críticas, deben guardar secretos o sienten que tienen que elegir de qué lado estar. Y un niño no debería tener que elegir entre las personas que quiere.
Por supuesto, hay situaciones en las que es necesario intervenir y proteger a un niño de un vínculo que puede resultar perjudicial o peligroso. Pero también es importante diferenciar la protección de la utilización de los hijos dentro de un conflicto entre adultos. Cada situación requiere una mirada profesional, cuidadosa y, sobre todo, centrada en el bienestar de los niños.
En este contexto, Alas Orientación Familiar acompaña y asiste a personas y familias que atraviesan situaciones de violencia, ofreciendo un espacio de escucha, orientación y acompañamiento para poder abordar estas realidades con mayor claridad y cuidado.
Porque detrás de cada conflicto familiar hay personas, historias y emociones. Y muchas veces, también hay niños que no saben cómo expresar lo que están viviendo.
La violencia no siempre deja marcas visibles. Algunas veces deja miedo, silencio, culpa o inseguridad. Y cuando hay niños involucrados, acompañar a la familia también significa ayudarlos a no quedar atrapados en conflictos que pertenecen al mundo de los adultos.
Los hijos no eligen la violencia. Los adultos tenemos la responsabilidad de protegerlos de ella.

Centro de Orientación Familiar ALAS
Nos dedicamos a promover la recuperación integral de personas y familias afectadas por dinámicas de violencia
Abuso emocional
Y vínculos patológicos.
Coordinan:

