Femicidios en San Luis: ¿qué estamos haciendo frente a la violencia? Los dos femicidios que conmocionaron a San Luis dejan una pregunta que no podemos esquivar: ¿qué podemos hacer, como sociedad, para que la violencia no llegue a un desenlace fatal? Intentemos responderla antes de que sea demasiado tarde.
Cada caso tiene su propia historia y corresponde a la Justicia esclarecer lo sucedido. Sin embargo, estos hechos también nos invitan a reflexionar sobre cómo nos vinculamos, qué conductas toleramos y qué hacemos cuando advertimos que alguien puede estar atravesando una situación de violencia.
No toda violencia comienza con un golpe. A veces aparece en los celos, el control, las humillaciones, el aislamiento o las amenazas. Cuando estas conductas se justifican como demostraciones de amor o se consideran problemas privados de pareja, se corre el riesgo de restarles importancia y no advertir el daño que provocan.
Reconocerlo no siempre es sencillo para quien lo vive. El miedo, la dependencia económica o emocional y la esperanza de que el otro cambie pueden dificultar la decisión de buscar ayuda. Por eso, juzgar a una mujer por permanecer en una relación violenta no contribuye a resolver el problema. Es necesario comprender qué está atravesando y qué necesita para poder protegerse.
Pedir ayuda no debería ser el último recurso. Hablar con alguien de confianza, acudir a un profesional o acercarse a un servicio especializado puede ser el comienzo de una salida. Para que eso suceda, es fundamental que las mujeres encuentren espacios donde puedan expresarse sin temor a ser cuestionadas.
Puede ocurrir que quienes están cerca, por respeto a la intimidad o por no saber cómo intervenir, prefieren mantenerse al margen, olvidando que escuchar con atención, no minimizar lo que ocurre y ayudar a encontrar orientación puede hacer la diferencia. No se trata de decidir por otra persona, sino de que sepa que no está sola.
En ese acompañamiento, la Orientación Familiar tiene mucho para aportar. Desde la escucha y la comprensión de las dinámicas vinculares, el licenciado en orientación familiar puede ayudar a identificar situaciones dañinas y acercar recursos para afrontar lo que está sucediendo. Su intervención no busca preservar una pareja a cualquier precio: cuando existe violencia, la prioridad es la seguridad de quien la padece. La orientación debe articularse con los servicios especializados y los organismos competentes cuando la situación lo requiere.
La prevención, sin embargo, no puede quedar exclusivamente en manos de los profesionales. Necesitamos aprender a reconocer las señales, educar para construir vínculos respetuosos y dejar de justificar conductas que vulneran la libertad y la dignidad de otra persona.
Es necesario que las mujeres sepan que no necesitan esperar a que ocurra algo más grave para pedir ayuda. No tienen que saber de antemano cómo resolverlo todo. Pueden comenzar por hablar con alguien de confianza y buscar acompañamiento, para dejar de vivir con miedo.
Los femicidios que hoy nos duelen no pueden quedar reducidos a una noticia que mañana será reemplazada por otra. Nos corresponde transformar la conmoción en una reflexión que tenga consecuencias concretas: estar atentos, escuchar sin juzgar y actuar responsablemente cuando alguien necesita ayuda.
Prevenir es intervenir antes de que sea tarde. Y para eso, ninguna señal de violencia debería parecernos indiferente.

Lic. en Orientación Familiar
Especialista en familias judicializadas
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