¿Qué entendemos hoy por bienestar? ¿Es una meta personal o un ideal que parece imposible de alcanzar? Estas fueron algunas de las preguntas que dieron inicio a una mesa de debate en Redes de Bienestar, donde profesionales de distintas disciplinas compartieron sus miradas sobre un tema tan presente como complejo: el bienestar en tiempos de hiperexigencia.
Participaron la psicóloga Marisa Pérez Labat, las counselors: Patricia Peruzzo y Cristina Villalba, y la coach Daniela Chiara, quienes coincidieron en un punto central: hoy el bienestar parece haberse transformado en una lista interminable de obligaciones.
Cuando el autocuidado deja de ser un mandato
Meditar, hacer ejercicio, alimentarse de determinada manera, dormir ocho horas, practicar mindfulness, ir a terapia, ser productivos y, además, disfrutar. Las redes sociales y los mensajes que recibimos a diario parecen indicar que existe una fórmula para «vivir bien».
Sin embargo, las profesionales invitaron a cuestionar esa idea. ¿Qué ocurre cuando el bienestar deja de ser una herramienta para convertirse en una exigencia? ¿Qué pasa cuando sentimos que también tenemos que «hacer bien» el descanso o el autocuidado?
La conversación dejó en evidencia que muchas veces terminamos viviendo el bienestar como una obligación más, generando culpa cuando no logramos cumplir con todo aquello que supuestamente deberíamos hacer.
Las redes sociales y el bienestar perfecto
Uno de los puntos que atravesó el debate fue el impacto de las redes sociales en la forma en que entendemos el bienestar. A diario vemos rutinas ideales, cuerpos perfectos, hábitos saludables y mensajes que prometen soluciones rápidas para sentirse mejor. Si bien muchas cuentas ofrecen información valiosa, también existe el riesgo de comparar nuestra realidad con versiones editadas de la vida de los demás o de seguir recomendaciones sin respaldo profesional. Las especialistas coincidieron en la importancia de desarrollar una mirada crítica y recordar que el bienestar no puede reducirse a una tendencia o a una fórmula que funcione para todos.
El bienestar no es igual para todos
Uno de los ejes más interesantes del debate fue la necesidad de abandonar las recetas universales.
Lo que ayuda a una persona puede no servirle a otra. Para algunos será caminar, para otros leer, hacer terapia, compartir una comida o simplemente detenerse unos minutos. El bienestar no puede medirse con la misma vara para todos porque está profundamente ligado a la historia, la personalidad, el momento vital y las necesidades de cada uno.
Las especialistas remarcaron que el verdadero desafío es desarrollar autoconocimiento para descubrir qué nos hace bien realmente y no simplemente seguir aquello que está de moda.
La trampa de vivir en modo «checklist»
Las participantes describieron una escena muy habitual: convertir el bienestar en una lista de tareas.
Hice ejercicio. Fui a terapia. Medité. Comí saludable.
Como si cada una de esas actividades fuera simplemente un casillero que hay que completar para sentir que estamos haciendo «las cosas bien».
Cuando esto sucede, el disfrute desaparece y el cuidado pierde sentido. Incluso actividades que deberían generar bienestar terminan provocando más estrés porque se viven desde la obligación y no desde la elección.
El tiempo: el recurso que nunca alcanza
Otro tema que atravesó toda la conversación fue la relación con el tiempo.
Las profesionales coincidieron en que una de las frases más repetidas en la actualidad es: «No tengo tiempo.»
Pero durante el encuentro propusieron un ejercicio sencillo y muy movilizador: reemplazar la palabra tiempo por vida.
«No tengo tiempo para mí» se transforma en «No tengo vida para mí».
«No me alcanza el tiempo» pasa a ser «No me alcanza la vida».
El impacto de esa transformación llevó a reflexionar sobre cuánto de nuestro tiempo está realmente destinado a nosotros y cuánto dedicamos a responder permanentemente a las demandas externas.
La cultura del hacer
Las especialistas también señalaron que vivimos inmersos en una cultura donde el valor parece estar puesto exclusivamente en hacer.
Hacer más. Producir más. Aprender más. Estar disponibles todo el tiempo.
En ese contexto, descansar, aburrirse, disfrutar o simplemente no hacer nada muchas veces generan culpa, como si fueran una pérdida de tiempo.
Sin embargo, recordaron que el bienestar no siempre está en sumar actividades, sino muchas veces en aprender a poner límites, hacer pausas y recuperar espacios de presencia.
La importancia del encuentro humano
Otro aspecto destacado fue la necesidad de recuperar los espacios presenciales.
Si bien la virtualidad facilitó el acceso a muchos recursos, las profesionales coincidieron en que el encuentro cara a cara sigue teniendo un valor difícil de reemplazar. La conversación, el abrazo, la mirada, los silencios y hasta el tiempo que transcurre antes y después de una consulta forman parte de cualquier proceso de crecimiento y bienestar.
Más preguntas que respuestas
Lejos de ofrecer recetas, la mesa de debate dejó abierta una invitación a revisar nuestras propias creencias.
¿Buscamos el bienestar porque realmente lo necesitamos o porque sentimos que deberíamos hacerlo? ¿Estamos eligiendo lo que nos hace bien o simplemente siguiendo las exigencias de una época? ¿Cuánto espacio nos damos para escucharnos antes de responder a las expectativas de los demás?
Tal vez el bienestar no consista en alcanzar un ideal de perfección, sino en construir una forma de vivir más amable con nosotros mismos. Una vida donde también tengan lugar el descanso, la incertidumbre, las emociones difíciles, los límites y la posibilidad de pedir ayuda cuando la necesitamos.
Porque, quizás, el verdadero bienestar no sea hacer más, sino aprender a vivir con mayor autenticidad, cuestionando los mensajes que recibimos a diario y construyendo una forma de cuidarnos que tenga sentido para cada uno.
Participaron de la mesa debate, las siguientes profesionales:
Marisa Pérez Labat, Daniela Chiara, Cristina Villalba y Patricia Peruzzo.
Te compartimos la charla en nuestro programa radial:

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