Menos actividad, más disponibilidad emocional

 ¿Qué pasa por nuestra cabeza cuando la agenda está llena, sin pausas, sin espacios vacíos, sin aire? ¿tenemos conciencia de nosotros mismos y de nuestros actos? Por ello, vamos a hablar de reducir la actividad para contar con mayor disponibilidad emocional, es decir, menos exigencia profesional.

 Muchas veces lo que aparece no es satisfacción, sino cansancio, irritación, ansiedad. Una sensación constante de estar llegando tarde a todo, incluso a nosotras mismas. Una sensación de ausencia interna, de desconexión de nuestro cuerpo, mente y alma.

Vivimos en una lógica donde hacer más parece sinónimo de ser más profesionales. Agendas colapsadas, reuniones que se superponen, compromisos encadenados uno detrás de otro. No hay margen para sentir, para registrar qué nos pasa, para escuchar qué necesitamos. Y ese es el costo silencioso de estar siempre “ocupadas”.

Quizás, profundamente, detrás de la cotidianeidad, no tenemos permiso para sentir, para conectar con nuestro bagaje emocional y darles un lugar, es decir reconocerlas.

La disponibilidad emocional no es un lujo ni algo accesorio: es esencial.

Es la base para la creatividad, para la claridad, para la conexión real con quienes somos. Sin emoción no hay pasión. Y sin pasión, difícilmente haya una profesión que se sienta verdaderamente exitosa, aunque desde afuera “funcione”.

Darle lugar a la emoción es permitirnos ser auténticas. Transparentes. Coherentes.

 La emocionalidad nos ordena por dentro y nos alinea con lo que transmitimos hacia afuera. Nos ayuda a tomar decisiones más conscientes y a construir una vida profesional que tenga sentido, no solo resultados.

Muchas mujeres confunden tener la agenda llena con ser profesionales.

 Pero estar ocupadas no es lo mismo que estar alineadas. No somos más valiosas por colapsar nuestros días de actividades ni más comprometidas por llegar corriendo a una clase de yoga después de una reunión que terminó media hora tarde. Esa carrera constante no es coherencia: es desconexión.

Ser coherente con una misma implica algo más profundo. La coherencia interna, es esa alineación de nuestro ser, de todas nuestras partes internas, las que nos gustan y las que aun nos causan dolor.

Implica elegir cómo cargamos nuestra agenda sabiendo que cada actividad nos conecta con una emoción. Quizás la invitación sea, comenzar a permitirse conectar con la emoción que llega, ser atravesados por ella, para que pueda continuar su camino biológico y energético; permitirse poner en palabras lo que sentimos. Implica preguntarnos si lo que hacemos nos expande o nos agota, si nos acerca o nos aleja de la vida profesional que queremos habitar.

Menos actividad no es menos compromiso.

Es más presencia. Más escucha interna. Más disponibilidad emocional.

Y cuando hay disponibilidad emocional, hay más consciencia, hay decisiones más claras, vínculos más genuinos y una profesión que deja de sentirse como una exigencia permanente para convertirse en un espacio de expresión auténtica.

Porque el verdadero éxito profesional no se mide por cuántas cosas hacemos, sino por cuán alineadas estamos con quienes somos mientras las hacemos.

Carolina Bertoldi Consteladora Familiar / Psicóloga Social / @renaceinterior/
Leila Farhi Coach Ontológico / PNL  / @lic.leilafarhi/

Somos Infancia

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