¿Cómo mejorar la escucha activa con mirada ontológica?
En una era donde la velocidad, la multitarea y la hiperconectividad reinan, parece que todos hablamos, opinamos y reaccionamos, pero pocos realmente escuchamos. ¿Cuántas veces en una conversación sentimos que no fuimos verdaderamente escuchados? ¿O cuántas veces descubrimos que estábamos más pendientes de lo que íbamos a decir que de lo que el otro compartía? Hoy: El arte de escuchar desde el ser.
La escucha activa, tan mencionada en ámbitos de comunicación y liderazgo, es una habilidad transformadora. Pero cuando la abordamos desde la mirada ontológica, cobra una profundidad aún mayor: nos invita no solo a prestar atención a las palabras, sino a conectarnos con el ser del otro, a escuchar más allá del discurso, a dejar de lado el ego para abrir un espacio de encuentro real.
¿Qué es la escucha desde una mirada ontológica?
La ontología del lenguaje parte de una premisa poderosa: el lenguaje no solo describe el mundo, lo crea. Desde esta perspectiva, los seres humanos no somos observadores neutros del mundo, sino observadores que interpretan, y lo hacen desde una determinada emocionalidad, corporalidad y lenguaje.
Así, la escucha no es un acto pasivo de recepción, sino una acción activa de interpretación y co-creación de sentido. Escuchar no es simplemente oír, es abrir un espacio para el otro en nosotros mismos.
Aunque parezca sencillo, escuchar de verdad es uno de los actos más difíciles. Hay varios obstáculos que suelen interferir sin que seamos del todo conscientes:
Escuchamos para responder, no para comprender. Mientras el otro habla, ya estamos formulando nuestra respuesta, defensa o consejo.
Filtramos desde nuestros juicios. Interpretamos lo que oímos desde nuestras creencias, heridas, experiencias. El otro queda atrapado en nuestra narrativa.
Nos identificamos con lo que se dice. Si el otro dice algo que nos toca emocionalmente, dejamos de escucharlo para enfocarnos en nuestra reacción.
Necesitamos tener razón. Esta es una de las trampas más profundas. Si estamos escuchando desde el deseo de convencer o ganar, ya no estamos escuchando realmente.
No sostenemos el silencio. Nos incomoda. Lo llenamos rápido con palabras, cuando muchas veces el silencio es lo más generoso que podemos ofrecer.
¿Cómo cultivar una escucha más profunda y transformadora?
Mejorar nuestra capacidad de escucha desde una mirada ontológica implica trabajo interno, práctica constante y apertura. Te comparto algunas que podes implementar.
Escuchar requiere estar. Estar con el cuerpo, con la mente y con el corazón. Esto implica dejar de lado el celular, las distracciones y la agenda mental. Es mirar al otro y decirle con la actitud: "estoy acá para vos ".
Ejercicio: antes de entrar a una conversación importante, respira profundo, pon los pies en el suelo y repite : «Voy a estar presente».
Suspensión del juicio
No se trata de eliminar los juicios (somos seres interpretativos), pero sí de hacerlos conscientes y dejarlos en pausa. ¿Desde qué creencia estoy interpretando lo que el otro dice? ¿Puedo abrirme a una nueva forma de ver?
Ejercicio: después de una conversación, escribe qué juicios aparecieron. ¿Fueron útiles? ¿Te limitaron o te abrieron?
Escuchar el trasfondo emocional
Cada discurso viene cargado de emociones. La forma en que el otro habla, su tono, su mirada, sus pausas… todo comunica. Escuchar también es captar esa emocionalidad, incluso cuando no se nombra.
Ejercicio: en tus próximas conversaciones, pregúntate: ¿qué emoción hay detrás de lo que se está diciendo? ¿Alegría, miedo, enojo, tristeza, vergüenza, entusiasmo?
Escuchar el cuerpo
El cuerpo también habla. Un hombro caído, un ceño fruncido, un silencio largo o un movimiento inquieto pueden decir mucho más que una frase elaborada. Escuchar desde lo ontológico incluye observar y leer lo corporal como parte del lenguaje.
Ejercicio: en una conversación, observa tu propio cuerpo y el del otro. ¿Qué mensajes están transmitiendo?
Validar al otro como un legítimo otro
Escuchar ontológicamente implica reconocer al otro como alguien legítimo en su decir, sentir y actuar, aunque no coincida con nuestra visión del mundo. Validar no es aprobar ni ceder, es reconocer que su mirada también tiene valor.
Ejercicio: la próxima vez que no estés de acuerdo con alguien, antes de responder, di internamente: «Esa es su forma de ver, y es válida para él/ella».
Silencio generoso
El silencio incómoda porque nos confronta con nosotros mismos. Pero cuando se convierte en un espacio de contención, permite que el otro profundice, que aparezca lo no dicho, que se genere reflexión.
Ejercicio: en tus diálogos, práctica hacer pausas conscientes. Siente lo que pasa cuando no llenas el espacio inmediatamente.
Escuchar es un acto de amor
En un mundo donde todos quieren hablar, opinar, tener razón o sobresalir, detenerse a escuchar es un gesto revolucionario. Es un acto de generosidad. Es decirle al otro: "Te veo. Me importa lo que tenes para decir. Estoy aca".
Y cuando eso sucede, la magia ocurre. Las defensas bajan, las emociones se ordenan, y el vínculo se transforma. Porque, en el fondo, todos anhelamos ser escuchados desde el alma.
Derechos de autor: Andrea Gabriela Fernández

Coach Ontologico profesional
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Nota escrita en exclusiva para revista “Somos Infancia«

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