Dormís, pero seguís agotada/o.
Te tomás un día libre, pero la cabeza no para.
Te alejás de la rutina, pero el peso interno sigue ahí.
¿Te suena?
Hay un tipo de cansancio que no se resuelve durmiendo más horas ni cancelando reuniones. Es un cansancio del alma. Una fatiga que viene de sostener emociones no dichas, de callar lo que molesta, de vivir desconectados de lo que sentimos.
Desde la mirada del coaching ontológico, muchas veces ese agotamiento tiene más que ver con conversaciones pendientes que con exceso de actividad. Lo que no decimos, nos pesa. Lo que evitamos mirar, nos agota. Lo que sostenemos por obligación, sin sentido ni elección, nos drena.
¿Qué conversaciones te estás debiendo?
¿Qué verdades estás silenciando para no incomodar?
¿A quién o a qué le estás diciendo que sí, cuando en realidad necesitás decir que no?
Hacer una pausa no es lo mismo que evadir.
La pausa sana, da aire, reconecta.
La evasión anestesia, pero no resuelve.
El verdadero descanso emocional llega cuando nos animamos a observar cómo estamos habitando la vida, qué decisiones estamos tomando (o postergando), y qué emociones nos están atravesando.
A veces, descansar es decir lo que venimos callando.
A veces, descansar es elegirnos.
El cuerpo pide descanso.
Pero el alma pide coherencia.
Escucharnos también es un acto de amor propio.
Y permitirnos ser honestos con lo que sentimos, un gesto de enorme valentía. Porque no se trata solo de parar… se trata de volver a empezar, desde un lugar más sincero y más humano.
Por Andrea Gabriela Fernández

Coach Ontológica
Acompañamiento para transformar tu forma de habitarte, desde el lenguaje, la emoción y el cuerpo.

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