Ansiedad en tiempos de sobreexigencia

Vivimos tiempos en los que hacer más se volvió sinónimo de valer más.

La agenda llena, la productividad constante y la presión por alcanzar ideales muchas veces inalcanzables se volvieron moneda corriente. En este contexto, no es extraño que la ansiedad se presente como un síntoma de alerta, como un llamado del cuerpo y la emoción frente al exceso.

La sobreexigencia se cuela sutilmente: en los “tengo que”, en los “debería”, en el miedo a no estar a la altura. Aparece en quienes intentan sostener todo —trabajo, vínculos, cuerpo, metas— sin espacio para el descanso ni para el error. Se manifiesta en la autoexigencia constante y en la dificultad para pedir ayuda, como si soltar el control fuera sinónimo de fracasar.

Desde mi espacio, acompaño estos procesos entendiendo que cada persona tiene sus propios ritmos, sus recursos internos y su manera de transitar el malestar. La ansiedad no es un enemigo a combatir, sino una señal a escuchar. ¿Qué me está queriendo decir este estado? ¿Qué parte de mí necesita ser vista, atendida, comprendida?

Puede ser profundamente reparador encontrar escucha empática, desde donde no se juzga, ni se aconseja, donde se promueve la presencia y la validación.

A veces, lo que calma no es encontrar respuestas rápidas, sino poder poner en palabras lo que nos pasa, sin máscaras ni exigencias.

En tiempos de tanto ruido, presión y velocidad, animarse a frenar, a habitar el presente, a reconocer los propios límites, puede ser un acto de amor propio. Porque no somos máquinas. Porque merecemos espacios donde la exigencia se transforme en cuidado, y el hacer en ser.

Por Marion Abal

Consultora Psicológica

Somos Infancia

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2 comentarios sobre «Ansiedad en tiempos de sobreexigencia»

  1. Buena observación y mensaje. Pienso en un chiste que hacía mi padre: cuando llovía de pronto y nos sorprendía la lluvia en la calle: «para qué corres si más adelante llueve igual?»
    Sin saberlo nos estaba hablando de la ansiedad.
    Gracias

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