El uso de fármacos para bajar de peso está cada vez más presente en las conversaciones. En diálogo con Redes de Bienestar, la nutricionista Lucía Maitana explicó que Ozempic, al igual que otros medicamentos que utilizan semaglutida, fue desarrollado inicialmente para pacientes con diabetes y también se utilizó en pacientes cardíacos. Posteriormente se observó su utilidad para el descenso de peso.
La semaglutida actúa sobre el GLP-1, una hormona intestinal relacionada con la saciedad, y produce un vaciamiento gástrico más lento y una disminución del apetito. Sin embargo, Lucía remarcó que estos medicamentos deben ser indicados y supervisados por un médico, mientras que el acompañamiento nutricional trabaja sobre los hábitos y la alimentación.
No dejar de comer
Una de las cuestiones que destacó la nutricionista es que reducir el apetito no significa dejar de comer. El organismo necesita energía para las actividades cotidianas y, aun durante un tratamiento con estos fármacos, es necesario incorporar los nutrientes que el cuerpo necesita.
Para Lucía, el abordaje ideal incluye cambio de hábitos, actividad física y buen descanso, aunque existen pacientes que necesitan otras herramientas. La obesidad, señaló, es una patología y debe ser tratada como tal.
El apuro por adelgazar
Vivimos, según Lucía, en «la era del quiero todo para ayer». Frente a las dietas que prometen resultados rápidos, propone entender que cada cuerpo tiene sus tiempos y que los cambios requieren paciencia, perseverancia y constancia.
Las dietas restrictivas también pueden aumentar la obsesión por adelgazar y por el número de la balanza, y llegar a favorecer la aparición de un trastorno de la conducta alimentaria. Por eso, para la nutricionista, la prioridad debe ser siempre la salud y no solamente el peso.
Ni demonizar ni endiosar alimentos
En medio de tanta información, algunos nutrientes aparecen como protagonistas absolutos. La proteína, por ejemplo, tiene una función importante, especialmente en la síntesis muscular, pero no es el único nutriente que necesita el organismo.
También son necesarios los hidratos de carbono y las grasas saludables. La cantidad de cada nutriente dependerá de la actividad física, el desgaste energético y los objetivos de cada persona.
«No existen alimentos malos. Existe saber equilibrar», sostuvo Lucía. Incluso los ultraprocesados, que como nutricionista no recomienda, pueden formar parte eventualmente de la alimentación sin modificar por completo la salud cuando la alimentación cotidiana es saludable.
Una alimentación posible y sin culpa
Para Lucía, la alimentación saludable también debe adaptarse a la vida y a las posibilidades de cada persona. El objetivo es enseñar a armar un plato saludable teniendo en cuenta los alimentos disponibles y aquello que cada familia puede adquirir, evitando exigencias que terminen generando frustración.
Y en ese camino también hay lugar para el placer. Poder disfrutar de los alimentos en un evento, durante un viaje o unas vacaciones forma parte de un vínculo saludable con la comida.
«Permitirnos el placer a través de los alimentos, sin culpa, también es importante», explicó. Al mismo tiempo, señaló la importancia de no recurrir a los alimentos para tapar o cubrir emociones.
La conclusión sobre Ozempic y los medicamentos con semaglutida fue clara: pueden constituir una herramienta, pero siempre con indicación médica y acompañamiento nutricional, evaluando previamente si la persona es candidata a utilizarlos.

Lic. en Nutrición
@luciamaitana.saludnutricional
Abordaje no restrictivo

