Trastorno bipolar: más allá de las fluctuaciones del ánimo

El trastorno bipolar es un padecimiento mental que afecta principalmente al estado de ánimo, pero es mucho más que eso. También afecta la voluntad e incluso puede cursar con síntomas psicóticos (percepción alterada de la realidad).

Lo característico son los cambios significativos entre momentos de energía elevada y momentos de tristeza profunda. Estos cambios no son simples “bajones” o “mal humor”, sino alteraciones que pueden afectar la vida diaria, las relaciones y la capacidad para trabajar o estudiar.

Tipos de episodios

Episodios maníacos o hipomaníacos: la persona se siente muy eufórica, con mucha energía, habla rápido, duerme poco y no siente cansancio, tiene ideas aceleradas, está muy irritable y/o toma decisiones impulsivas o riesgosas. La diferencia entre manía e hipomanía suele estar en la intensidad: la manía puede requerir hospitalización ya que además, puede verse acompañada de síntomas psicóticos como delirios o alucinaciones, mientras que la hipomanía no.

Episodios depresivos: se experimenta tristeza profunda, pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras, fatiga, problemas para concentrarse y, en algunos casos, pensamientos de autolesión o suicidio.

¿Cuál sería la posible causa?

El trastorno bipolar combina factores biológicos, genéticos y ambientales. No es culpa de la persona y no se debe a debilidad de carácter. Los desequilibrios en ciertos neurotransmisores del cerebro contribuyen a la enfermedad, y factores de estrés pueden desencadenar episodios. Existen un gran componente hereditario.

En muchos casos el diagnóstico es tardío ya que la consulta suele ser primero por un cuadro depresivo, que erróneamente se diagnostica y se trata como tal, con poca mejoría de síntomas o desencadenando un cuadro maníaco. Es por esto que será fundamental realizar una buena evaluación e indagar en la historia del paciente y no solo en el motivo de consulta ( antecedentes de episodios hipomaníacos o maníacos, historia familiar o consumo de sustancias asociado).

Tratamiento

El tratamiento suele ser prolongado y debe ser personalizado. Suelen utilizarse estabilizadores del ánimo (como litio o anticonvulsivos como la lamotrigina o el Divalproato de sodio) y, en algunos casos, antipsicóticos o antidepresivos. Siempre bajo supervisión médica y evaluando la fase actual que se esté cursando. La psicoterapia es otro pilar fundamental para aprender a reconocer señales de alerta, mejorar la organización de rutinas y el manejo del estrés.

No debemos olvidar que será clave el armado de red de contención y hábitos de vida saludables. Como buena calidad de sueño, ejercicio y rutinas diarias. La red de contención también ayudará a la correcta adherencia al tratamiento, sobre todo la psicoeducación sobre diagnóstico y pronóstico para no interrumpir la medicación. Esto ayudará a reducir la frecuencia de los episodios.

Señales de alerta

Si vos o alguien cercano experimenta cambios de ánimo muy marcados, impulsividad extrema, falta de necesidad de dormir, alucinaciones o delirios (sobre todo místicos, de grandeza o altruistas), ideas aceleradas o tristeza profunda persistente, es importante consultar a un psiquiatra.

La detección temprana y el tratamiento adecuado mejoran significativamente la calidad de vida.

Para ir finalizando, me parece importante destacar que con un diagnóstico correcto, tratamiento y apoyo, muchas personas pueden llevar una vida plena y productiva.

Entender la enfermedad es el primer paso para derribar estigmas y brindar acompañamiento a quienes lo necesitan.

Por: Natalia Lamónico

Médica Psiquiatra

Natalia Belén Lamónico

Médica especialista en Psiquiatría MN 161073 II MP 339118. @psiq.lamonico

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