Cuando un niño tiene dificultades para aprender a leer, suele escucharse la frase “ya lo va a lograr, es cuestión de tiempo”. Sin embargo, la dislexia no es un problema de maduración ni de inteligencia: es un desafío neurobiológico que afecta la forma en que el cerebro procesa el lenguaje escrito.
La dislexia es uno de los trastornos específicos del aprendizaje más frecuentes. La British Dyslexia Association (2023) estima que alrededor del 10 % de la población es disléxica, y se manifiesta en errores persistentes de lectura, escritura y ortografía, que no se explican por falta de oportunidades educativas.
Detectar la dislexia de manera temprana es fundamental. En la etapa preescolar, pueden observarse señales como dificultad para aprender canciones o rimas, retraso en el desarrollo del lenguaje y problemas para reconocer sonidos iniciales de las palabras. Ya en los primeros años escolares, es común ver lectura muy lenta, errores al copiar del pizarrón, confusión de letras con forma similar (b/d, p/q) y rechazo a las tareas de lectura y escritura.
Ante la observación de estas señales, los padres deben consultar con profesionales especializados, en áreas como psicopedagogía y neurología infantil, para iniciar una evaluación temprana.
Los docentes, grandes observadores del proceso de aprendizaje, cumplen un rol fundamental al detectar estos desafíos y comunicarlo a las familias.
El diagnóstico no es una etiqueta negativa, sino una llave para el progreso. Comprender qué sucede permite implementar estrategias de apoyo, intervenir tempranamente, mejorar el pronóstico, reducir la frustración y fortalecer la autoestima de los niños.
Desde la escuela y la familia se pueden implementar pequeñas acciones que marcan la diferencia:
Usar textos con fuentes amigables como OpenDyslexic y material visual de apoyo.
Adaptar las evaluaciones: ofrecer más tiempo para la lectura, reforzar las consignas en forma oral y escrita, y permitir evaluaciones orales.
Utilizar recursos visuales y esquemas que faciliten la comprensión de los contenidos.
Minimizar copias y dictados extensos, priorizando la producción significativa.
Dividir las consignas en pasos cortos y claros.
Ayudar a los niños a comprender que el error es parte natural del aprendizaje, para reducir la frustración.
Reforzar los logros y celebrar cada avance, evitando comparaciones.
Hablar de dislexia es hablar de inclusión. Cuanto antes podamos detectar, comprender y acompañar, más oportunidades tendrán nuestros niños de desarrollar su potencial y disfrutar del aprendizaje.
British Dyslexia Association (2023). About Dyslexia.
Por: Salomé Herman
Psicopedagoga Neurocognitiva Master en Neuropsicología
Conocé más en su libro:

Psicopedagoga. Master en Neuropsicología.
Autora del libro “Dislexia” Acompañando el desafío de aprender
Matrícula 179.987
Contacto: saloherman@live.com.ar
(2324) 473951/(11) 3918-8693

