El estrés es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante situaciones que percibimos como desafiantes, amenazantes o exigentes. Es una reacción automática, ancestral, diseñada para protegernos.
Cuando algo nos preocupa, nos abruma o sentimos que no podemos con todo, el cuerpo activa una alarma interna: el corazón late más rápido, los músculos se tensan, la respiración se acelera. Nos preparamos para «luchar o huir».
El problema no es el estrés en sí, sino cuando se vuelve constante, cuando no sabemos cómo soltarlo o regularlo. El estrés crónico desgasta el cuerpo, nubla la mente y apaga la alegría.
El estrés no siempre es el enemigo. A veces, es solo la forma que tiene el cuerpo de decirnos: «Estoy haciendo demasiado», «Necesito un respiro», o incluso «Algo no está en armonía con mi deseo más profundo».
Escuchar al estrés es empezar a escucharte a vos. No se trata de eliminarlo, sino de comprender qué quiere mostrarnos.
Dale espacio. Respiralo. Honralo como un mensajero. Y luego… soltalo, suavemente. El estrés no grita, susurra. Con nudos en la espalda, con el pecho apretado, con la mente que gira sin cesar.
Es un poema escrito sin palabras, una señal antigua que dice: «Detenete. Escuchá. Volvé a vos.» No es debilidad, es sensibilidad.
Es el alma pidiendo pausa, el cuerpo reclamando ternura, el corazón necesitando abrigo.
Respirá. Aflojá los puños, soltá los hombros. Poné la mano sobre tu pecho y decile: «Ya estoy acá.»
¿Vamos a desestresarnos?
Soltá el día por un momento. Aflojá la mandíbula, bajá los hombros. Respirá profundo… y dejá que el aire te acaricie por dentro. Cerrá los ojos. Imaginá que estás en un lugar calmo, donde el tiempo se detiene y vos simplemente sos. No hay que hacer nada. Solo estar, respirar. Solo volver a vos.
Que cada exhalación sea una forma de soltar. Que cada inhalación te devuelva al presente. Y que ahí, en ese instante… el estrés se disuelva como niebla al sol. Soltá la prisa, el «tengo que». Soltá el ruido que no es tuyo. Respirá lento, como si cada respiro fuera un abrazo.
Volvé al cuerpo, al ahora, a tu centro. Estás a salvo.Estás acá.Y eso, ya es suficiente.
¿Sabías que también hay un «buen estrés»?
El estrés es ese empujoncito que sentimos antes de un desafío importante, una presentación, una mudanza, un cambio esperado. Nos activa, nos enfoca, nos moviliza. La clave está en el equilibrio.
¿Cómo podemos gestionarlo? Conectándonos con el cuerpo: respiración, movimiento, pausa.
Dando lugar a nuestras emociones: escucharlas, no taparlas.
Cuidando nuestros pensamientos: observarlos sin creernos todo lo que dicen.
Y…, sobre todo, volviendo al presente, una y otra vez.
Por: Silvana Rinaldi

Terapeuta Holística / Coach
Mindfulness /Arteterapia
Formaciones presenciales y virtuales
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Coach. Mindfulness.

