«El susurro de la ansiedad» (la historia de Ana)

En tiempos donde “estar bien” parece una obligación, la ansiedad silenciosa avanza sin dar señales evidentes. Aprendé a identificar sus susurros antes de que se conviertan en gritos.

Ana siempre fue “la fuerte” del grupo. La que decía que estaba bien, aunque el día hubiera sido un caos. La que sonreía en las reuniones y nunca faltaba a una cita. Pero, por las noches, mientras la ciudad dormía, su mente encendía una lista interminable de pendientes, miedos y supuestos.

Ana no tenía ataques de pánico, no  lloraba sin motivo. Su ansiedad no hacía ruido, se escondía en: dolores de cuello, en insomnio, y en esa sensación constante de tener que estar alerta, como si algo fuera a suceder.

La ansiedad silenciosa se presenta discreta, persistente y muchas veces invisible, incluso para quien la padece. Se alimenta de la autoexigencia, del miedo a decepcionar y de la costumbre de priorizar todo y a todos antes que a uno mismo. Y, aunque no grite, va desgastando poco a poco.

¿Cómo reconocerla?

Si al levantarte en las mañanas sentís cansancio, si tu cuerpo se tensa sin que te des cuenta, si siempre hay prisa aunque no haya nada urgente… tu ansiedad podría estar susurrando, mostrando signos de irritabilidad repentina, dificultad para concentrarte o la sensación constante de “no llegar a todo”.

¿Cómo podés empezar a cuidarte?

En el caso de Ana, comenzó a tomarse pausas, a respirar profundo antes de contestar un mensaje, a decir “no” cuando la agenda ya estaba llena.

Para Ana, poder compartir lo que sentía con alguien de confianza y buscar ayuda profesional fue el inicio de su vuelta a la calma. Entendió que no necesitaba “tener un colapso” para merecer apoyo.

Descubrió que pequeñas rutinas como: dar paseos al aire libre, escribir, desconectarse de las pantallas, ayudaban a bajar el volumen de esa ansiedad invisible.

La ansiedad silenciosa no desaparece de un día al otro, pero empieza a perder fuerza cuando dejamos de ignorarla. Porque el verdadero acto de valentía no siempre es aguantar… sino escuchar, pedir ayuda y darnos permiso para descansar.

Por: Clauda Malvaso

Psicóloga Terapia Cognitivo Conductual

Claudia Malvaso

Licenciada en Psicología. MN 63181

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