Cuando todo me cuesta

Cuando todo me cuesta señales de tristeza persistente y depresión leve

«Me cuesta levantarme de la cama», «nada me entusiasma», «siento que estoy cansada todo el tiempo». Son frases que escuchamos con frecuencia en nuestro consultorio. Pero también en charlas con nuestros amigos, en un audio que nos envía algún familiar. Y también en esos silencios en donde no hay palabra pero sentimos que el malestar está ahí. Y sentimos además que estos comentarios no vienen solos sino que están teñidos de mucha culpa como si eso dependiera de falta de voluntad o una falla nuestra.

Ahora bien, lo cierto es que cuando «todo cuesta», cuando el desgano y la desconexión emocional se instalan en lo cotidiano, no siempre estamos frente a una simple tristeza y tampoco necesariamente ante una depresión severa. A veces, se trata de una forma más silenciosa de sufrimiento psíquico que llamamos Distimia y se presenta como una depresión leve que no siempre se nombra pero que duele igual.

No hay crisis… no hay gritos…y veces ni siquiera hay lágrimas.
Pero hay alguien que está ahí… sosteniéndose como puede, en un padecimiento que puede pasar desapercibido no solo para quien lo atraviesa sino también para quienes están a su alrededor.
¿Cómo podes acompañar?

Evitá los consejos rápidos: En lugar de decir «hacé yoga» o «salí más», podés decir: «Estoy acá si necesitas hablar» o «¿Querés que busquemos ayuda juntas?».

Validá lo que siente: Frases como «no tenes motivos para estar así» solo aumentan la culpa, en cambio podemos decir: «te veo cansada y entiendo que algo te duele».
Escuchá sin minimizar: Es muy importante escuchar sin juzgar evitando frases como «tenes que ponerle onda» o «hay gente peor», esto también provoca mucha frustración.
Ofrecé compañía y no presiones: Estar disponible para el otro, proponer salir a caminar o simplemente compartir un mate puede aliviar la sensación de aislamiento…sin imponer.

Podes ayudar a buscar atención profesional: Sugerir con respeto la posibilidad de un espacio terapéutico. A veces hace la diferencia alguien que pregunta con cuidado: «¿Pensaste en hablarlo con un profesional? Podemos buscar juntas si querés.»

La psicoterapia puede ofrecer un espacio donde se haga voz lo que se siente, sin juicio ni exigencia. Un lugar para revisar qué está pidiendo el cuerpo, aquello que quedó sin elaborar o esos aspectos de la vida dejaron de resonar con el deseo. Porque a veces, detrás del «todo me cuesta», hay un silencio que necesita ser escuchado y darle espacio a ese malestar podría ser el inicio de una transformación.

Por: María Florencia Barcz


Lic. en Psicología – MP 75749 MN 83856

psicobarcz@gmail.com

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