¿De qué hablamos cuando hablamos de dolor crónico?

Entendemos por dolor a la sensación desagradable que se percibe en una o varias partes del cuerpo, que puede tener diferentes características, duración en el tiempo y orígenes. Titulamos a esta nota: ¿De qué hablamos cuando hablamos de dolor crónico?.

Cuando hablamos de características nos referimos a que no todos los dolores son iguales. Hay dolores punzantes, otros que queman, otros tipo pinchazos, hormigueos, etc. En cuanto a la duración existen dolores agudos (horas, días o algunas semanas) y crónicos (semanas, meses o incluso años). El dolor también tiene diferentes orígenes; puede ser muscular, osteoarticular (huesos y articulaciones), visceral (órganos internos), neurológico o emocional.

Para complejizar aún más el cuadro, estos diferentes dolores pueden estar combinados, es decir, puede existir por ejemplo un dolor de origen osteoarticular que también tenga características del dolor neurológico y algo del emocional. A fin de cuentas somos seres físicos y emocionales. Las emociones impactan directamente en nuestro cuerpo.

Existen diversas vías mediante las cuales percibimos y respondemos frente al dolor, esto vuelve el tratamiento algo complejo, más en aquellas personas que buscan soluciones rápidas a su malestar. Existe la vía inflamatoria, la de la algesia ( sensibilidad al dolor),la de la recepción del dolor y la de la respuesta al mismo. Estas vías serán los blancos terapéuticos en cuanto a la farmacología.

Adentrándonos en el tratamiento, es fundamental que como todo, sepamos que no existe una solución ni pastilla mágica y algo interesante a destacar, es que el dolor puede fluctuar, y como tal, su tratamiento. Es decir, puede que por periodos de tiempo tengamos que reforzar la terapéutica y que por otros, podamos incluso estar sin medicación. El acompañamiento psicológico también será otro pilar, ya que como mencioné antes, las emociones tienen un impacto directo sobre el dolor, no solo en la subjetividad del mismo sino en la vía inflamatoria.

Los fármacos empleados en el tratamiento del dolor, deben evaluarse según cada persona y es súper importante tener en cuenta los potenciales efectos adversos, ya que suelen ser tratamientos prolongados. Por mencionar algunos, encontramos los AINES (ibuprofeno, diclofenac, ketorolac, paracetamol, etc, con los cuales tendremos que ser cuidadosos por el riesgo de hemorragias digestivas y daño hepático). O los corticoides (prestaremos atención a alteraciones en la conducta y/o el ánimo, el síndrome metabólico y la tolerancia gástrica). También están, los antidepresivos ( fundamental una buena evaluación por psiquiatría para descartar trastorno bipolar y efectos adversos asociados). Y, por último, los antiepilépticos o ansiolíticos (pregabalina, gabapentin, benzodiacepinas, prestando especial atención a la dependencia que estos pueden generar).

Los pacientes con dolor crónico suelen ser pacientes que llegan a consulta cansados, frustrados y agobiados. Han probado múltiples tratamientos (farmacológicos, no farmacológicos, medicina alopática, homeopática, etc), por lo que es de suma importancia alojar este malestar y entender la complejidad del cuadro. Ser empáticos y comprensivos.

Para ir finalizando, vuelvo a remarcar la importancia del trabajo interdisciplinario: (neurología, reumatología, traumatología, psiquiatría, psicología, terapia ocupacional, kinesiología, etc) y de la evaluación exhaustiva del síntoma por un profesional formado en dolor. De esta manera podremos acompañar en el proceso, intentando mejorar la calidad de vida de quien nos consulta.

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A modo de conclusión me parece relevante hacer hincapié en la prevención y la aceptación, dos conceptos claves cuando hablamos de dolor crónico. Prevención significa todo lo que podemos hacer para que las recurrencias sean menores o de menor impacto. Esto incluye reforzar la higiene del sueño, ejercicio apropiado según la capacidad de la persona, red de contención, buen registro emocional y recurso de afrontamiento; por poner algunos ejemplos. En cuanto a la aceptación, podría decir que en la práctica es lo que más cuesta trabajar. Aceptar la realidad, entender que hay ciertas cosas que hacía la persona ahora ya no puede hacer, la frustración y nostalgia de lo que no fue y cómo será su vida en el futuro padeciendo esto que le sucede. 

En esta nota hablamos de dolor, pero creo que la aceptación aplica a cada una de las situaciones que nos toca vivir y más aún, cuando estamos frente a un diagnóstico o padecimiento.

Entonces, entendiendo lo complejo del cuadro, nos queda reforzar el trabajo en equipo, priorizar el trato empático y ejercer el correcto seguimiento de nuestros pacientes.

Derechos de autor: Natalia Belén Lamónico

Nota escrita en exclusiva para revista «Somos Infancia»

Médica especialista en Psiquiatría

MN 161073 II MP 339118

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

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