La psicopedagogía, aún en 2025, sigue siendo una disciplina rodeada de mitos y desconocimiento general. En el imaginario colectivo, su tarea aparece restringida a las infancias y a los problemas escolares, cuando en realidad se trata de una ciencia que estudia el aprendizaje a lo largo de toda la vida y en una amplia variedad de contextos. Esta falta de información no es inocua: cuando el conocimiento no circula adecuadamente, se vulneran derechos. Hoy: Psicopedagogía: Aprender durante toda la vida
A través de la intervención clínica, comunitaria, laboral y forense, la psicopedagogía se constituye como una herramienta clave para la mejora de la calidad de vida, entendiendo el aprendizaje no solo como una función cognitiva sino como un fenómeno subjetivo, emocional y social.
Romper con el mito escolar
Uno de los principales malentendidos sobre esta disciplina es la creencia de que el aprendizaje solo sucede en la infancia y en la escuela. Aprender es un proceso continuo, que puede desarrollarse a cualquier edad y en múltiples escenarios. El cerebro es plástico, adaptable, y está siempre en condiciones de incorporar nuevas experiencias, conocimientos y habilidades.
Muchas personas adultas o mayores, por ejemplo, deben aprender nuevamente formas de vida tras un ACV, una enfermedad neurodegenerativa o incluso por cambios en la dinámica familiar o laboral. En estos casos, la psicopedagogía actúa mediante intervenciones de estimulación o rehabilitación cognitiva, emocional y funcional, contribuyendo al sostenimiento de la autonomía y la identidad.
La infancia como punto de partida
Aunque no se limite a ella, la psicopedagogía también interviene fuertemente en las trayectorias educativas de niños y niñas, sobre todo cuando existen factores de vulnerabilidad social. Detrás de cada dificultad de aprendizaje puede haber una historia de violencia, carencias estructurales, falta de acceso a derechos básicos o contextos familiares complejos.

Un ejemplo particular es el trabajo con niños y niñas adoptados, quienes muchas veces atraviesan un proceso de duelo —a veces silencioso, otras veces visible— por su historia previa. El aprendizaje, en estos casos, se ve inevitablemente atravesado por aspectos afectivos, identitarios y vinculares que requieren de una mirada clínica que contemple la subjetividad.
La psicopedagogía, en estos contextos, no se limita a abordar funciones cognitivas como la memoria o la atención, sino que interviene de manera integral, considerando la historia singular de cada niño o niña, su contexto social y su red de vínculos. El aprendizaje, se insiste, no es un fenómeno aislado ni lineal.
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Del consultorio al territorio
El trabajo psicopedagógico no se reduce a la consulta individual. En muchas escuelas públicas, especialmente en la provincia de Buenos Aires, existen equipos interdisciplinarios conformados por psicopedagogos, psicólogos y trabajadores sociales. Estos equipos abordan las problemáticas del aprendizaje desde una perspectiva comunitaria y territorial.
Allí se detectan señales, se orienta a las familias y se articula con otros organismos del Estado, como servicios de niñez, salud mental o el sistema judicial. Se trabaja desde lo preventivo, acompañando a las infancias y sus familias en contextos de alta complejidad. Este abordaje no diagnostica, pero sí permite intervenir a tiempo, orientar y construir redes de cuidado.
En estos espacios, el cuerpo del profesional también está implicado: no solo se aporta conocimiento técnico, sino que se construye presencia, escucha y cercanía. La psicopedagogía territorial implica poner el cuerpo en el campo, conocer las historias, visitar los hogares, y trabajar en red con otros sectores.
Psicopedagogía laboral y forense: otros escenarios
En el ámbito laboral, la psicopedagogía acompaña procesos de aprendizaje en adultos, ya sea para mejorar el desempeño en los puestos de trabajo como para intervenir en los vínculos laborales y en la comunicación organizacional. También cumple un rol esencial en la orientación vocacional, ayudando a los jóvenes a conectar con su deseo en una etapa en la que muchas veces prima la presión por decidir un futuro con escasa información y alto estrés.
En el ámbito forense, la psicopedagogía interviene en contextos de extrema vulnerabilidad, especialmente cuando las trayectorias educativas se ven interrumpidas por situaciones de violencia, encierro o conflictos judiciales. La figura del psicopedagogo puede ser clave en procesos de revinculación familiar, en casos de madres en situación de encierro con hijos pequeños, o en situaciones judicializadas donde el derecho al aprendizaje está en riesgo.
Diagnóstico sí, etiquetas no: El diagnóstico, en psicopedagogía, es una herramienta de orientación, no una sentencia. Su función es comprender lo que está sucediendo con un niño, adolescente o adulto en un momento determinado, en un contexto específico. Sirve para planificar estrategias, pero no para fijar una identidad ni limitar el potencial de una persona.
Es fundamental reconocer que no todas las dificultades del aprendizaje encajan en diagnósticos clínicos del tipo DSM. Muchas veces, se trata de malestares subjetivos profundamente ligados al entorno, a las experiencias vinculares o a la historia personal, que no pueden ser reducidos a una categoría médica. La psicopedagogía apuesta a una mirada más humana, sensible y contextualizada.
El deseo como motor del aprendizaje
En un mundo que exige certezas a edades cada vez más tempranas, recuperar el deseo como motor del aprendizaje es esencial. La orientación vocacional, por ejemplo, no debe limitarse a elegir una carrera "rentable" o "corta", sino a acompañar procesos de descubrimiento, de escucha, de conexión con aquello que apasiona. Trabajar con deseo también implica encontrar pasión incluso dentro de las tareas más rutinarias, resignificar lo que se hace, y —cuando no es posible cambiar el contexto— buscar pequeños espacios donde el aprendizaje se vuelva una fuente de disfrute y sentido.
Conclusión
La psicopedagogía es una disciplina vasta, que se despliega en múltiples campos de acción, todos orientados a garantizar el derecho al aprendizaje como parte fundamental del desarrollo humano. Su abordaje, integral y comprometido, no solo apunta a mejorar funciones cognitivas, sino también a transformar contextos, sostener subjetividades y construir un futuro más inclusivo. Comprender su alcance es también una forma de desarmar prejuicios, quitar miedos y, sobre todo, habilitar posibilidades.
Por: Marianela Belén Ariaga
Licenciada en Psicopedagogía
Licenciada en Cs de la Educación
licprofmarianelaarriaga@gmail.com
Te compartimos la charla en Redes de Bienestar nuestro programa radial, en donde hablamos de este tema:

