La historia que la mente se cuenta

La mente no se calla nunca. Está hablando todo el tiempo, repitiendo las mismas ideas, los mismos juicios, las mismas interpretaciones. No es que piense cosas nuevas: repite. Recorre siempre los mismos caminos porque necesita ahorrar energía y mantenernos a salvo. Ese es su trabajo principal: supervivencia, no bienestar.

Por eso la mente no está diseñada para que seamos felices, sino para que sigamos vivos con el menor costo posible. Y lo hace muy bien. El problema aparece cuando esa repetición constante se transforma en hábitos de pensamiento que operan en automático, sin que nos demos cuenta.

Hábitos que no elegimos (pero que nos gobiernan)

Quejarse, postergar, criticar, victimizarse, desconfiar, querer controlarlo todo, evitar conversaciones incómodas, hacerse cargo de todo, no pedir ayuda. Ninguno de estos modos aparece de la nada. Son hábitos aprendidos, repetidos, reforzados a lo largo de la vida porque, en algún momento, funcionaron.

Sabemos que un hábito es una acción —o un pensamiento— que de tanto repetirse deja de pensarse. Sale solo. Y cuando sale solo, ya no elegimos. Reaccionamos.

La mente vuelve siempre a lo conocido porque eso le da seguridad. Aunque ese lugar ya no nos haga bien. Aunque el costo emocional sea alto. Aunque el malestar crezca.

Creencias, emociones y acciones

Detrás de cada hábito de pensamiento hay una creencia. Esa creencia genera una emoción, y esa emoción dispone a la acción. Siempre actuamos desde una emoción, la reconozcamos o no. Y esa emoción no aparece por azar: está sostenida por una historia que la mente aprendió a contarse.

Ese sistema de creencias no se forma de grandes, se arma desde muy temprano. Se absorbe del entorno, de la familia, de lo que se espera, de lo que está permitido, de lo que no se cuestiona. Cuando somos chicos no podemos discutir esas verdades: son las voces autorizadas. Cuestionarlas implicaría perder validación, y perder validación se vive como una amenaza. Por eso cambiar cuesta tanto.

No es la realidad: es la interpretación

Dos personas pueden atravesar la misma situación y vivirla de maneras completamente distintas. No es el hecho lo que determina cómo nos sentimos, sino la interpretación que hacemos de ese hecho.

La mente puede enfocarse en el problema o en la posibilidad. Puede quedar atrapada en el «todo me pasa a mí» o abrir preguntas nuevas. Pero si el hábito está instalado, siempre va a mirar desde el mismo lugar.

Y cuando miramos siempre igual, decidimos siempre igual. Y cuando decidimos siempre igual, obtenemos siempre los mismos resultados.

El quiebre: cuando el cuerpo dice basta

El cambio no suele empezar por una explicación racional. Empieza por un quiebre. Algo no está funcionando. A veces no se puede nombrar, pero se siente. Una incomodidad que se repite, un cansancio profundo, una sensación física de «hasta acá».

Ese quiebre es el punto donde el hábito deja de ser tolerable. No porque sea nuevo, sino porque ya no se puede seguir sosteniendo. Y ahí aparece la posibilidad de hacer algo distinto.

¿Qué se necesita para cambiar un hábito?

Para cambiar un hábito de pensamiento hacen falta tres cosas: decisión, atención y repetición.

Decisión para decir «esto así no lo quiero más».

Atención para registrar cuándo aparece el patrón automático.

Repetición para ensayar respuestas nuevas hasta que se vuelvan naturales.

No se trata de hacerlo perfecto ni de juzgarse con dureza. Es entrenamiento. Es práctica. Es hacerse cargo sin castigarse.

Mirarnos con más conciencia

Estos hábitos no nos convierten en personas falladas. Nos trajeron hasta acá. Cumplieron una función. El punto no es eliminarlos, sino observarlos, comprenderlos y elegir si queremos seguir viviendo desde ahí.

La pregunta clave no es «¿por qué soy así?», sino «¿esto que pienso es verdad o es la historia que mi mente se cuenta?». Y también: «¿de qué otro modo podría mirar esto?».

Cuando cambia la mirada, se abren posibilidades. Y cuando se abren posibilidades, algo nuevo puede empezar a pasar.

Podes escuchar la charla completa en nuestro canal: (3) Redes de Bienestar – YouTube

Daniela Chiara

Coach en liderazgo vincular

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *