En nuestro cuerpo se alojan las heridas emocionales, las nuestras, las de nuestros padres y las ancestrales. Por eso, recomendamos permitirnos hablar de emociones.
La vida nos viene desde muy lejos, desde el inicio de la humanidad; permítanse sentir el transcurrir de las vivencias y experiencias de nuestros ancestros, hasta llegar a nosotros; toda su riqueza, como así también las situaciones que no han podido resolver, nos son transmitidas de generación en generación.
Nuestra honra a la vida, y a través nuestro a todos nuestros ancestros, es poder integrar las situaciones dolorosas que nos han marcado tan profundamente y que permanecen guardadas tan celosamente en nuestro inconsciente.
Allí, en las emociones, es donde actúan las Constelaciones Familiares, trascendiendo las fronteras del entendimiento y la razón. Ellas atraviesan el corazón, el alma, y el espíritu; con el correr del tiempo, y esencialmente con nuestra actitud hacia la vida. También con nuestro respeto, y gratitud a nuestros ancestros nos llegarán las comprensiones.
Carolina Bertoldi

Consteladora Familiar


