La salud mental es el estado de bienestar emocional, psíquico y espiritual que permite llevar adelante los desafíos de la propia vida y de la comunidad en la que vivimos. Las emociones son respuestas a estímulos externos o internos. Son “avisos” de nuestro interior que nos indican que, frente a una situación, debemos actuar. Son clave para mantener la salud mental y los vínculos sociales. Cuando ciertas emociones se cronifican y tapan la realidad, la percepción del mundo interior se oscurece y la vida queda teñida por esa emoción. Hoy: Validar las emociones para cuidar la salud mental en la familia
Por ello reconocer y aceptar las propias emociones, sin exacerbarlas ni minimizarlas, nos lleva a poder hacer lo mismo con las emociones de los demás.
Se habla de emociones positivas, como la alegría y emociones negativas, como el enojo o la ira. Todas las emociones son necesarias porque nos llevan a actuar, lo bueno o malo está en la respuesta activa a lo que sentimos. Esta es la primera clave para validar las emociones.
Cada día sentimos emociones de acuerdo a las circunstancias que vamos atravesando y frente a esto, cada uno siente y responde de acuerdo a su personalidad. Esta es la segunda clave para validar las emociones: comprender que somos seres biográficos y nuestra afectividad está atravesada por nuestra historia por lo tanto los hechos y situaciones nos afectan de modo diferente.
Frente a situaciones extremas, cuando somos pura emoción y cuesta pensar, es necesario detenerse antes de actuar o hablar y hacer un análisis profundo de nuestro interior, preguntarnos ¿por qué esto que pasa me desequilibra tanto? ¿qué me quiere decir esta emoción? ¿qué fibra íntima está tocando? A partir de allí podremos definir qué camino tomar frente a eso que pasa, aceptar la emoción, sea de alegría, dolor, tristeza, enojo, entusiasmo.
Cuando aprendemos a aceptar que somos seres emocionales y que las situaciones que vivimos nos invaden de emociones podemos comenzar a aceptar que a las personas que nos rodean les ocurre lo mismo y acompañar desde un lugar de empatía y no de juicio.
En la familia, el niño a quien se le rompió el juguete favorito, hasta el anciano que se siente solo, todos, sienten y responden a lo que sienten. Es tarea de los padres conocerse y reconocer sus emociones, aceptarlas y validarlas para poder hacer lo mismo con los hijos.
Nunca, decir “eso que te pasa es una pavada”. Para esa persona en ese momento no es una pavada. Mucho mejor es decir “entiendo lo que sentís, ¿cómo puedo ayudarte?”
El diálogo y la validación de las emociones son claves para la salud mental de todos. Previenen la aparición de ansiedad crónica, depresión, stress. Los miembros de la familia aprenden a regularse y actuar las emociones de manera saludable, sin lastimar o molestar a nadie, se aprende la resiliencia y la empatía.
En síntesis, para validar las emociones y reforzar la salud mental de la familia será necesario:
- Autoconocimiento, aceptación y autorregulación
- Espacios de escucha atenta y empatía
- Red de apoyo emocional
- Comprender que cada etapa de la vida tiene sus dificultades, que son distintas pero no menos importantes para quien las vive.
Por: Luciana Mazzei

Orientadora Familiar
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