Cuando sentís que no sos suficiente, aunque todo diga lo contrario
“¿Y si se dan cuenta de que no soy tan buena como creen?”
“Fue pura suerte… no sé cómo llegué hasta acá.”
¿Te suenan estas frases? Son pensamientos más comunes de lo que imaginamos, y están muy ligados a algo que se conoce como síndrome del impostor. Es esa sensación incómoda de no sentirte a la altura, de creer que en cualquier momento van a “pensar” que no sos tan capaz como los demás piensan. Aunque hayas estudiado, trabajado mucho o conseguido cosas importantes, sentís que no lo merecés. Hoy: El síndrome del impostor .
Esto no es un trastorno como tal, pero sí puede afectar muchísimo la autoestima, la motivación y el disfrute de los logros. Le pasa a personas de todas las edades y profesiones, incluso a quienes desde afuera parecen súper seguras o exitosas.
Desde la psicología entendemos que este síndrome tiene mucho que ver con lo que aprendimos desde chicos: exigencias muy altas, miedo al error, dificultad para aceptar un elogio. Aparece una voz interna muy crítica que minimiza lo bueno y exagera lo que falta.
¿Cómo empezar a salir de ahí?
Acá van algunas recomendaciones para empezar a trabajarlo:
- Reconocé lo que te pasa. No sos la única persona que se siente así. Ponerle nombre a eso que te pasa ya es un primer paso enorme.
- Cuestioná tus pensamientos. Cada vez que tu mente diga “esto fue suerte”, preguntate: ¿de verdad no hice nada para lograrlo? ¿Podría pensar esto de otra persona?
- Empezá a registrar tus logros. Hacete una lista (sí, literal) de cosas que hiciste bien, metas que alcanzaste o momentos donde superaste un miedo.
- Aceptá los elogios sin justificarlos. Un simple “gracias” está bien. No necesitás explicar por qué “no fue para tanto”.
- Aprendé a valorar el proceso. No todo es el resultado final. Reconocé el esfuerzo, los pasos que diste, las decisiones que tomaste para llegar ahí.
- No tengas miedo de pedir ayuda. A veces necesitamos una mirada externa que nos ayude a vernos con más claridad y menos juicio. La terapia es un espacio clave para eso.
Un caso real en terapia
Hace un tiempo acompañé a una paciente que trabajaba en una empresa. Había sido ascendida, pero cada vez que le reconocían algo, lo atribuía a la suerte, nunca a su capacidad. Llegó a consulta porque el estrés y la ansiedad la estaban desbordando.
En las sesiones empezamos a identificar esa voz interna crítica que siempre le decía que no era suficiente. Trabajamos sobre sus creencias de infancia (“tenés que ser perfecta”), y comenzamos a construir una narrativa más realista y compasiva. Empezó a registrar sus logros en un cuaderno, a practicar recibir elogios sin justificarse, y sobre todo, a reconocer que era válida aun cuando se equivocaba.
El cambio no fue inmediato, pero si profundo. Hoy, aunque a veces esas dudas aparecen, ya no la paralizan. Aprendió a convivir con excelencia y no con la exigencia, sin que le gane, y a confiar más en lo que sí tiene para dar.
Superar el síndrome del impostor no significa no sentir nunca más inseguridad, sino aprender a avanzar incluso cuando esa voz interna te dice lo contrario. Se trata de empezar a creer un poquito más en vos mismo.
Derechos de autor: María Josefina Posadas

Lic. en Psicología
Coach Ontológico Profesional
MP 7221
www.psi-posadasmariajosefina.com.ar

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