El contacto vivo con los abuelos

La pandemia es un desafío sin igual, un reto personal y colectivo. Con el núcleo más próximo nos agrupa (y nos separa dependiendo la configuración familiar), y esto deriva ya en un tema en si mismo: hijos en casa con sus dos padres o con uno solo y manteniendo contacto virtual con el otro hasta “próxima visita”

¿Somos realmente conscientes de la envergadura de la vivencia y el aprendizaje que transitan nuestros niños?  De un día para otro cambiaron la forma en la que se venían vinculando con su entorno. Algunos con más explicación que otros pasaron a “tomar distancia” de abuelos, primos, familiares, amigos, escuela, y todo  se tiñó de  palabras como  “cuidarse” “estar lejos” “no sabemos hasta cuando”. Que importante es entonces que quienes somos los adultos “cercanos” podamos mirarlos y ser su punto de referencia seguro “pero nosotros estamos/estoy  acá para cuidarte y acompañarte de la mejor forma posible en este momento y hasta que termine”

También encuentro acertado nombrar  con palabras y validar las emociones que vayan surgiendo:

¡Cuanto entiendo lo que estás viviendo! ¿Como te sentís?

¡Estás muy enojada! Esto pasa cuando querés ver a tus amigos y no podes..

Veo que tenés tantas ganas de ir a la casa de tus primos! Vamos a llamarlos y charlar un ratito con ellos así los sentís un poco más cerca..

¿Te sentís triste porque extrañas a los abuelos?

¿Como se siente tu cuerpo cuando está en casa? ¿Que necesita?

Esto viendo que tenés muchas ganas de correr,¿ Que juego con el cuerpo podemos inventar para dejar salir esas ganas?

Hablar, hablar y hablar, darle espacio a la palabra a través del cuento, la teatralización, el juego, porque lo que se nombra existe y deja de permanecer en la oscuridad del silencio, es liberador y trae calma.

Este momento, en su amplitud de desafíos, también nos reta a una separación momentánea, a una suspensión de la presencia de personas tan importantes para la vida de los niños como son los abuelos.

La situación de emergencia sanitaria nos obliga a separar dos puntas  que parecieran opuestas pero se nutren y necesitan recíprocamente: el mágico vínculo entre niños y abuelos.

Aceptar este intervalo es parte del mutuo cuidado y conlleva la responsabilidad adulta para sostenerlo. Sin embargo los niños quizá no alcancen la comprensión total de este suceso repentino. Los adultos nuevamente tendremos  que transformarnos en un medio para ayudar a sostener vivo ese vínculo, un poco en la posición de puentes para que el contacto circule entre ambas partes.

C¿omo podemos hacer para alimentar  la interacción en ambas direcciones?

Primero es importante que los adultos ofrezcamos a través de nuestras propias palabras explicaciones sencillas y claras sobre los motivos por los cuales  es mejor ahora, además de quedarnos en casa, suspender las visitas a lo de los abuelos y la de ellos a nosotros, sin mayor necesidad de entrar en detalles.

Y abrir otros canales para mantener, por el bienestar de ambos, la interacción.

Los niños llevan la memoria del árbol al que pertenecen

Cada niño trae dentro de si mismo una historia. En realidad trae dos, una por parte de la madre y otra por parte del padre. Estas historias son ramas de un prolifero árbol genealógico vivo y latente que continua su cauce en las nuevas vidas.

Con cada niño que nace se perpetúan memorias, acciones inconclusas, secretos guardados, y un sinfín de situaciones y vivencias a través de los siglos. Somos portadores de voces invisibles y memorias guardadas en nuestras células. De ahí que nos pasen cosas en la actualidad frente a las cuales, tantas veces, no les encontramos explicaciones.

Somos hijos y nietos de sobrevivientes de las guerras mundiales. Cuando aparece un hecho tan único como este, estas memorias se empiezan a activar en nosotros como un recuerdo antes adormecido. Nuestros pensamientos van hacia esas historias (que parecían cuentos lejanos y difusos) sin que lo podamos evitar. ¿Porque será? Porque son las voces de nuestros ancestros las que necesitan ser escuchadas aún.

¿Vos tenes en tu familia sobrevivientes de la guerra? ¿Tus pensamientos fueron durante estos días hacia esos sucesos? Caíste en la comparación de “mis abuelos o bisabuelos vivieron la guerra, a nosotros nos toca pasar una pandemia”

De alguna forma llegamos a la conclusión de sentirnos  “afortunados de que se trate de una cuarentena dentro de una casa y no en una circunstancia de otro tipo”,  pero sin embargo algo más profundo se despierta, un recuerdo lejano, una historia escuchada, recuerdos que parecen ajenos y sin embargo no los son.

El contacto vivo con los abuelos. Es tiempo de hacer la paz

¿Podemos favorecer el intercambio entre abuelos y nietos en tiempos de pandemia aun sin vernos físicamente? 

SI, y además podemos aprovechar de la situación un poco más.

Las puertas físicas tienen que estar cerradas, pero no la comunicación. Que mejor regalo que abrir el tiempo (que tanto nos falta siempre) para escuchar las historias de nuestros mayores.

Si  los abuelos no recuerdan todo no importa, hay que escucharlos, porque ellos también son los portadores de voces. En ese caso podemos preguntarles un poco más para que se animen a contar. ¿Y que mejor que sentirse motivados por compartir  a los nietos su propia historia?

Es un momento propicio porque las memorias afloran en el silencio del encierro, y que mejor que darles una vuelta de rosca y se transformen en palabras para que los nietos escuchen y los padres recuerden (Y de paso trabajen con ellas comprendiendo que pueden activarse en el presente miedos que no son propios sino referencian a actores del pasado)

Y que en ese encuentro se liberen escenarios olvidados (pero no desconocidos porque recordemos que aunque no dichos están dentro de cada integrante del árbol). Y que en ese exorcismo permitamos que muchos dolores enjaulados en la memoria se liberen y transformen para quedar allí de donde vinieron: en el pasado.

Lo que callamos no desaparece, sigue viviendo en el silencio de nuestra alma.

Si los niños escuchan las historias de sus abuelos (o lo que ellos recuerdan de sus padres) seguramente podrán también aprender, ubicar geográficamente los lugares de donde vinieron, investigar como eran antes y en que se transformaron ahora.

Los abuelos pueden contar tantas cosas. y en ese relato liberar un corazón lleno de recuerdos: su lugar de origen, tradiciones, infancia y juegos, que comían, como se vivía en su época.  Y acompañados por nosotros los adultos,  transformarlas en dibujos de colores, en juegos con sus muñecos, en teatralizaciones, armar el árbol genealógico  y en todo aquello que a ustedes padres se les ocurra para en esta oportunidad que nos da la vida podamos liberar de las memorias familiares.

¿Se animan a emprender este viaje?

Laura Krochik

@laurakrochik

lkrochik@gmail.com

*Especialista en lactancia y crianza con formación en Ciencias de la Educación de la UBA. Instructora en psicoprofilaxis obstétrica y puericultura, se capacitó profesionalmente en instituciones de primer nivel, como el Hospital Infantil “Ramón Sarda”, la Liga Internacional de la Leche y la Fundación Lacmat, entre otros. Además, se desarrolló como puericultora en clínicas privadas y centros de salud de excelencia. En 2006 fundó la Asociación Civil Argentina de Puericultura, entidad que actualmente preside y se dedica a la formación de Puericultoras a nivel nacional, así también como a ofrecer y promover el servicio de Puericultura en Hospitales públicos. Ejerce de manera privada en consultorio por más de 20 años recibiendo familias y atendiendo padres de niños en primera infancia, etapa de latencia y adolescentes.

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