La deuda emocional es un concepto que empezó a utilizar Enrique Corvera y está íntimamente ligada a la culpa y a las emociones que sentimos cuando creemos que debemos algo a alguien, más allá del dinero. A diferencia de una deuda económica —que puede pagarse y olvidarse—, la deuda emocional persiste en nuestro interior y afecta nuestras relaciones y nuestro bienestar.
¿Qué es la deuda emocional?
Según la psicóloga Marisa Pérez Labat, en Redes de Bienestar, «La deuda emocional surge cuando hay culpa, sin culpa no hay deuda. No es lo mismo deber dinero al banco que sentir que no cumplí con lo que debía a alguien importante para mí.»
La deuda emocional es una carga afectiva que nos genera malestar porque sentimos que no hemos reparado o correspondido un vínculo de manera adecuada.
Tres posiciones frente a la deuda emocional
Marisa señala tres formas comunes de relacionarnos con la deuda emocional:
1. Sentir que debo a otros: «Por ejemplo, cuando uno siente que los padres hicieron todo para que uno salga adelante y ahora está en deuda con ellos, aunque no se lo hayan pedido explícitamente, esa emoción está muy arraigada a creencias familiares y culturales.»
2. Sentir que los demás me deben a mí: «Hay personas que creen que todo el mundo les debe algo, que merecen recibir sin dar, y esto a veces se refleja en la forma en que manejan el dinero o las relaciones.»
3. Sentir que me debo a mí misma: «La deuda más difícil es con uno mismo. Cuando una persona siente que no vivió su vida o que traicionó sus propios deseos, ahí aparece una culpa profunda que es fundamental trabajar.»
La culpa como motor de la deuda emocional
Marisa explica: «La culpa es la emoción que sostiene la deuda emocional. Si no la siento, no hay deuda. Por eso cuando alguien quiere devolver un favor y el otro no acepta, la deuda queda abierta y puede crear manipulación.»
Para sanar estas deudas, es necesario reparar, devolver o compensar lo que se debe, lo que termina cerrando ese ciclo emocional.
Deudas que trascienden generaciones y circunstancias
La deuda emocional también puede estar ligada a historias familiares profundas. Marisa comenta: «Cargamos con historias de nuestros ancestros, con promesas hechas antes de nacer, o con situaciones que no podemos cambiar pero que nos pesan como si fueran propias.»
El vínculo entre dinero y deuda emocional
«El dinero no es solo un medio para pagar cuentas, sino una forma de medir nuestro valor y cómo nos relacionamos con los demás,» dice Marisa. «Muchas veces la forma en que manejamos el dinero refleja conflictos emocionales que ni siquiera reconocemos.»
Quienes sienten que «merecen» gastar aunque no puedan pagar, o quienes no saben ahorrar por miedo a la abundancia, están mostrando señales de estas deudas emocionales ocultas.
¿Cómo manejar la deuda emocional?
La psicóloga Pérez Labat aconseja:
«Reconocer la culpa cuando aparece y entender qué nos está diciendo.»
«Reparar lo que podamos, ya sea con la persona involucrada o con otros cercanos si no es posible.»
«Preguntarnos a diario: ‘¿Qué me debo a mí misma hoy?’ para empezar a sanar la relación con uno mismo.»
«Mantener claros los roles familiares para evitar generar deudas donde no corresponden.»
«Practicar la reciprocidad desde el amor y la libertad, no desde la obligación o manipulación.»
Reflexión final
«La deuda emocional es una carga pesada que podemos liberar con conciencia y amor propio,» concluye Marisa Pérez Labat. «No se trata de dinero, sino de emociones que nos atraviesan y que podemos trabajar para vivir más libres y en paz con nosotros y con los demás.»
Por: Marisa Pérez Labat

Psicóloga / Neurodecodificación laboral / Biodecodificación
Te compartimos la entrevista de la autora en nuestro programa radial:

Psicóloga – Neurodecodificación laboral –Biodecodificación
Terapia de regresión
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Ig: @marisaperezlabat

