Al igual que todos los nutrientes que se reciben durante la primera infancia, que son los cimientos de la salud y el crecimiento físico, los nutrientes emocionales son vitales.
Porque todas las habilidades para manejar los estados emocionales, tanto como las habilidades sociales aprendidas durante los primeros años, serán los recursos con los que contará la persona durante el transcurso de la vida para elegir y construir su futuro. Por lo tanto, no son las circunstancias (económicas, familiares, sociales, etc.) las que nos determinan, sino nuestras elecciones. Estamos influenciados, o en cierta manera condicionados por la enseñanza que recibimos, la cultura, el contexto; pero esto no nos determina. Por lo tanto, enseñar a descubrir sus emociones y habilidades, enseñar a gestionar y transitar esas emociones, son un recurso con el que pueden contar los niños para poder hacer elecciones sanas en la adultez.
Retomando lo expuesto en el escrito anterior, es necesario recordar que el amor es la base de la pirámide de nutrición emocional. Sin amor q nos sostenga, nos caemos. De la construcción de ese amor desde la primera infancia, y de cada uno de los nutrientes emocionales, nace la autoestima: es la conciencia de una persona de su propio valor, es la capacidad de auto valorarnos, es nuestro escudo frente a cualquier circunstancia. Es el amor propio.
El amor propio es el elemento más importante para establecer relaciones sanas con otras personas. La mayoría de los seres humanos busca llenar sus vacíos emocionales buscando una pareja, un trabajo determinado, dinero, cosas materiales, sustancias… pero se olvidan de la importancia que debe existir la apreciación de su propio ser. Tenemos la costumbre de buscar afuera, “eso” que creemos que nos falta. ¿Cómo vamos a enseñarle a nuestros hijos “eso” que nos falta si estamos esperando a que alguien nos lo de? Eso que nos falta, no es más ni menos que el amor propio y el respeto por nosotros mismos.
Por lo tanto, somos el ejemplo de nuestros hijos, para todo, más allá de lo que podamos decir. Y de la forma que nos veamos y nos tratemos a nosotros mismos, de la forma que nos amemos, va a determinar el ejemplo que le demos a los chicos y la forma de vincularnos con ellos.
Entonces, si soy una persona con un diálogo interno negativo, estoy rumiando ideas constantemente y necesito que todo en mi vida sea perfecto para sentirme seguro, eso mismo le voy a transmitir a mis hijos. Si no tolero las frustraciones, si no busco solucionar los problemas sino que estoy en “modo queja”, si me auto-saboteo, si no me valoro, si no me perdono, si no me amo, si busco llamar la atención del resto de las personas haciéndome la víctima porque no logro comunicar de manera asertiva lo que siento, si no soy responsable de mí mismo y deposito en los otros mi valor: eso le voy a enseñar a mis hijos.
Y como esto se aprende, nunca es tarde para que nosotros, los adultos, construyamos un amor propio y autoestima sanos. Porque no se logra dar un amor sano a los demás, si antes no lo logro conmigo mismo. No viene de afuera, viene de adentro.
Todos sabemos que vivimos en tiempos que no son fáciles, ni para los adultos ni para los niños. Tiempos apurados, llenos de actividades, escaso tiempo de calidad en los vínculos, la cultura del “ya”, etc. Si les enseñamos a los chicos a descubrir el mundo que existe hacia adentro, para que logren conocerse a sí mismos, descubrir su propósito en la vida aprendiendo a identificar sus emociones, necesidades y pensamientos, los veremos crecer con mayores posibilidades de tener una existencia plena. Este proceso de acompañarlos en el autodescubrimiento, significa caminar libres, donde cada persona tiene su propio camino de aprendizaje, donde no hay correctos o incorrectos. Y significa también, y principalmente, conocernos y re-conocernos a nosotros mismos. La meta es alcanzar la mejor versión de sí mismos, no hay competencias con otro, ni se busca tener buenas calificaciones en las evaluaciones del colegio. Cada persona tiene muchas “cosas valiosas” dentro de cada uno, el problema es que no sabemos verlo, porque nos acostumbramos a que otro ponga los parámetros de aprobación o desaprobación. Es por esto que es tan valioso que cada niño pueda autovalorarse y autodescubrirse y así, construir su autoestima, su amor propio.
La autoestima y el papel de los padres o adultos acompañantes del niño
El amor propio y la autoestima, son elementos básicos en la formación integral de los niños.
Las emociones están estrechamente ligadas al proceso de aprendizaje de los niños, por lo tanto de su grado de autoestima, dependerá su desarrollo integral (bio-psico-social) y también, su aprendizaje en todos sus ámbitos.
Cuando un niño tiene un nivel de autoestima saludable, se siente seguro y valioso de si mismo, entiende que los errores o dificultades son parte de su aprender diario y no se siente disminuido cuando necesita ayuda. Se podrá comunicar y relacionar con los demás de una forma más asertiva y fluida.
Al contrario, un niño con una autoestima baja no confiará en él mismo, en sus posibilidades, ni en los demás. Tendrá una conducta más retraída, tímida, insegura y con baja tolerancia a la frustración.
Entonces es importante poder ser conscientes del trato que tengo con los niños con los que comparto a diario y del amor que les brindo, ya que desde ahí se construirá su autoestima y amor propio.
El lado emocional de los niños jamás debe ser ignorado por los adultos. Poder empatizar con ellos, escucharlos, darles el lugar para expresarle y enseñarles a hacerlo de manera asertiva, enseñando el camino para gestionar sus emociones siendo primero el ejemplo de ellos, es una parte fundamental de su desarrollo.
Algunas sugerencias para una autoestima saludable:
- Empatizar con los niños, mostrándonos empáticos con lo que les sucede, logrando así que desarrollen su habilidad empática.
- Escuchar lo que les pasa, de manera atenta y a su altura. Si los escuchamos, ellos aprenderán a escuchar.
- Ofrecer siempre caricias positivas: respetar sus sentimientos, llamarlos por su nombre, darles afirmaciones positivas, destacar sus aptitudes y habilidades. Besos, abrazos siempre.
- Ofrecer ayuda frente a una dificultad o error, mostrando que son parte del proceso de crecimiento. nunca humillarlos cuando se equivoquen, cuando no sepan, cuando no puedan. nunca ridiculizarlos ni herirlos. Poner en palabras, acompañar.
- Que sus deseos, gustos, miedos, preferencias, etc., sean tenidos en cuenta, para que puedan expresarse sin miedos, para que puedan ser ellos mismos sin caer en el complacer a los otros.
- Sé el modelo de persona que quieres reflejar en tu hijo. Antes de cubrir las necesidades de los demás, cubre tus propias necesidades, para poder dar lo mejor de vos en todas tus relaciones.
- Amate, para que ellos puedan amarse.
Sofía Belén Fernández
Lic. en Psicopedagogía
IG @licsofifernandez
pspsofia@hotmail.com
Fuente imagen: Hola

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