La importancia de la comunicación con nosotros mismos
Nuestros pensamientos, abono para germinar
Siguiendo con la metáfora de la semilla: depende de nosotros explotar para salir, ver la luz y convertirnos en un hermoso árbol o morir en una eterna oscuridad.
Generalmente cuando se habla de comunicación, se piensa en un emisor y un receptor, en mensajes verbales que se intercambian. Incluso en la sintaxis y gramática de las palabras; pero ¿qué hay con el significado y poder de cada una de estas últimas? ¿qué lugar se da a la entonación de las mismas? ¿y a los gestos y actitud corporal que las acompaña? El lenguaje no verbal también es comunicación y es más profundo aún: es resonancia.
Cuando somos pequeños, no tenemos una personalidad definida. Ésta, nuestra forma de ser y estar en el mundo la vamos construyendo. Y esa construcción se va forjando en relación con otro; ese otro que nos sostiene, nos mira, nos habla, nos guía y acompaña corporal y emocionalmente, con palabras y cuerpo a cuerpo.
Y es ahí, en esa misma construcción que vamos delineando nuestra forma de relación. Relación con los demás sí, porque somos seres sociales en un mundo circundante; pero también se construye la relación que tenemos con nosotros mismos. Esa relación básica, primordial e inmensamente importante, que muchas veces a medida que crecemos vamos olvidando.
Olvidando por cumplir con, porque preferimos terminar con lo “pedido- exigido” por la sociedad y/o el trabajo. Olvidado por no “desatender” a ese otro que nos pidió o necesita algo. Y así van pasando los días y el “no tengo tiempo” se convierte en la mejor excusa que podemos encontrar, o mejor dicho en nuestro elegido enemigo. El que nos permite hacer más rustica y fuerte esa coraza que nos separa de nuestro ser esencial.

Ese ser puro, que nos permite concretar una regla básica que muy pocos pueden aplicar: “Estar bien con uno mismo, para luego poder estar bien con los demás” y se escucha a diario, o por lo menos yo lo escucho a diario cuando me detengo a dialogar con mamás. “cuando yo estoy bien, parece que todo está bien” “si yo estoy bien, tengo más paciencia” pero nuevamente nos atrapa la rueda, la vorágine y el hacer constante que no nos permite frenar.
Si me siento bien todo va bien: Lo experimentamos alguna vez, sabemos que así es porque por momentos lo vivimos; pero qué más da, aparece el pensamiento limitante: que nos recuerda que antes el ocio era sinónimo de “vago”, que con sacrificio se consiguen las cosas, que era el hacer muchas cosas y de forma constante lo premiado y ahí nos vamos de foco. Del sentir-nos para sentir, del cuidarnos para fluir, del querernos para comprender, entender y acompañar.
Y entonces te estarás preguntando ¿Qué relación existe entre, la comunicación, las palabras, la relación con los demás y con nosotros mismos?... Es que: lo que marca la diferencia es lo que creamos: cómo nos hablemos a nosotros mismos, que palabras nos auto-decimos, qué creemos que podemos ser y hacer. Qué creemos que nos merecemos y qué nos habilitemos a hacer y sentir y que no. Y todo eso, lo hacemos pensando y pensamos lo que escuchamos, lo que nos decimos.
Las palabras generan pensamientos, los pensamientos emociones y nuestro sentir marca y condiciona nuestro hacer. Los resultados de este hacer genera nuevos pensamientos y así el círculo no para, podemos decidir pausar y así mirar que es lo que nosotros mismos estamos retroalimentando.
Con tu auto diálogo, ¿Te limitas o te motivás? La decisión es tuya
Con tu dialogo hacia tu niño. ¿Lo limitas o motivas? La decisión es tuya
Recordá:
La comunicación es base para el desarrollo de la seguridad, confianza y autoestima sana. Tanto en vos, como en tus hijos.
Las palabras no se las lleva el viento, dejan huellas.
Entender que las palabras pueden convertirse en un alto muro o ser puentes para la libertad
Saber que las palabras pueden dejarte en la oscuridad o permitirte ver la luz y germinar
Somos libres de elegir como comunicarnos y comunicar.
Jacqueline Bailo
Lic. en psicomotricidad

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