Aceptación de uno mismo: comienzo de toda transformación

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que primero teníamos que cambiar para recién entonces merecer sentirnos bien con nosotros mismos. Que cuando bajáramos de peso, cuando tuviéramos más éxito, cuando una pareja nos eligiera, cuando dejáramos de equivocarnos, recién ahí podríamos aceptarnos. Pero la transformación no empieza cuando cambiás. Empieza cuando dejás de pelearte con quien sos hoy.

Y quiero que escuches esto con atención: aceptarte no significa resignarte. No significa decir «soy así y no puedo hacer nada». Aceptarte significa mirar tu historia con verdad, reconocer tus heridas, tus fortalezas, tus miedos y también todo el potencial que todavía no desarrollaste.

Porque nadie puede transformar aquello que rechaza.

Cuando vivimos rechazándonos, toda nuestra energía se va en demostrar, en compararnos, en intentar ser suficientes para otros. Y eso desgasta. Nos desconecta de nuestra esencia.

Muchas veces no nos tratamos como trataríamos a alguien que amamos. Somos pacientes con los demás, pero crueles con nosotros. Nos perdonamos poco. Nos exigimos demasiado. Y cada error parece confirmar esa vieja idea de que «no alcanzamos».

Pero esa voz que te critica no nació con vos.

Se fue formando con las experiencias, con las palabras que escuchaste de chico, con las comparaciones, con las expectativas que otros pusieron sobre tu vida.

Y un día terminamos creyendo que ese era nuestro verdadero valor.

Y así dejamos de preguntarnos una de las preguntas más importantes:

¿Quién soy yo cuando dejo de intentar ser quien esperan que sea?

Aceptar quién sos también implica aceptar tu historia.

No para quedarte viviendo en ella, sino para dejar de pelearte con lo que pasó.

Porque mientras seguimos luchando contra el pasado, el presente se nos escapa.

Aceptar es mirar hacia atrás y decir: «Eso ocurrió. Me dolió. Me marcó. Pero no tiene por qué definir toda mi vida.»

La aceptación abre la puerta al cambio.

El rechazo la mantiene cerrada.

Muchas personas llegan a consulta diciendo:

«Quiero dejar de sentir ansiedad.» «Quiero dejar de tener miedo o dejar de reaccionar.»

Y la primera pregunta casi siempre es la misma: ¿Qué parte tuya estás intentando expulsar en lugar de escuchar?

Las emociones no aparecen para castigarte. Aparecen para mostrarte algo.

Cuando dejamos de luchar contra ellas, empezamos a comprendernos.

Y comprendernos siempre transforma más que juzgarnos.

La autoestima tampoco nace de repetir frases frente al espejo. La autoestima se construye todos los días.

Se construye cuando respetas tus propios límites.

Cuando dejas de decir que sí por miedo al rechazo o cuando empezas a elegir personas que también te eligen.

Asimismo, cuando dejas de justificar vínculos que constantemente te hacen sentir menos. Cuando empezas a hablarte con respeto.

Y hay algo muy importante. Aceptar quién sos no significa que todo de vos te guste.

Significa que dejás de hacer de tus partes más difíciles una condena permanente.

Todos tenemos luces. Todos tenemos sombras.

La diferencia está en si las escondemos o si las integramos.

Hoy vivimos rodeados de imágenes que muestran vidas ideales. Personas que parecen tener todo resuelto.

Y sin darnos cuenta empezamos a compararnos con versiones editadas de otros.

Cada uno está atravesando procesos que muchas veces no se ven. Y siempre termina debilitando la autoestima.

Quiero que empieces a hacer un ejercicio muy simple.

Cada vez que aparezca una crítica hacia vos mismo, preguntate: ¿Le hablaría así a alguien que amo?

Si la respuesta es no… ¿Por qué seguís hablándote de esa manera?

La forma en que te tratas termina convirtiéndose en la forma en que permitís que otros también te traten.

La transformación verdadera no ocurre cuando dejas de tener miedo.

Ocurre cuando el amor por vos mismo empieza a ser más grande que ese miedo.

Y quiero terminar con una idea que para mí resume todo este proceso.

No viniste a convertirte en otra persona. Viniste a recordar quién eras antes de que el miedo, las heridas y las expectativas de los demás te convencieran de que no eras suficiente.

La aceptación no es el final del camino. Es el primer paso.

Porque cuando dejas de pelearte con vos mismo, recuperas una energía inmensa. Ese es el verdadero poder.

Porque el poder siempre estuvo en vos. Solo necesitabas empezar a creerlo.

Karina Pugliese

Psicóloga Escritora de : "El poder está en Mí " IG: @lic.karipugliese

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