La infancia sucede mientras se juega

Hoy las infancias necesitan recuperar algo fundamental: el tiempo compartido. Los niños necesitan dos cosas muy importantes: que los miremos y que juguemos con ellos. Que podamos compartir algo muy valioso: nuestro tiempo.

El “tiempo en piso” es justamente eso: un momento donde el adulto se dispone a estar verdaderamente con el niño, entrando en su mundo, mirando, escuchando, compartiendo. Sin teléfonos para atender, sin mensajes que responder, sin hacer otra cosa al mismo tiempo. Solo estando presentes, aquí y ahora.

Pueden ser 5 minutos, 10 o el tiempo que cada familia pueda. Pero que sea tiempo de calidad, tiempo real.“Tiempo de jugar, que es el mejor”, decía María Elena Walsh… y no hay dudas de eso. El juego es muchísimo más que entretenimiento. A través del juego los niños expresan lo que sienten, elaboran situaciones, simbolizan experiencias, muestran intereses, preocupaciones, preguntas y necesidades. El juego nos permite conectar con ellos y fortalecer el vínculo.

Y cuando hablo de jugar, hablo de jugar con el niño. No de estar al lado mientras cada uno está en lo suyo, sino de compartir verdaderamente ese momento. Porque en ese encuentro aparecen las miradas, las risas, las preguntas, la imaginación y la conexión emocional.

Por supuesto, el tipo de juego y el tiempo de atención dependerán de cada edad y de cada niño. Pero el mensaje es el mismo: las infancias necesitan presencia, juego compartido y adultos disponibles emocionalmente.

De chica siempre jugaba a la mamá y a la maestra. Me inventaba hijos, alumnos, escuelas y cuadernos; creo que todos mis primos y vecinos terminaron siendo mis alumnos alguna vez.

Me encantaba enseñar, ayudar a otros, explicar, acompañar… y, sin darme cuenta, en esos juegos ya aparecía mucho de lo que hoy soy. Sin dudas, era (y sigue siendo) mi juego preferido.

No sé si tengo frases típicas de consultorio, pero la experiencia me confirma una y otra vez que, a través del juego, podemos conocer verdaderamente el mundo del niño.

El juego no solo divierte: también enseña, motiva y genera aprendizajes significativos.

Hace poco trabajé con un paciente de 11 años con TDA y dificultades cognitivas. La lectura suele resultarle un gran desafío y muchas veces aparece resistencia. Ese día decidimos leer usando distintas voces: voz de payaso, voz de bebé, voz de robot… ¡y la sesión fue increíble!

La motivación, las ganas de seguir leyendo, la risa compartida, el entusiasmo por probar nuevas voces… todo apareció naturalmente. Y casi sin darse cuenta, trabajamos fluidez lectora y prosodia, habilidades fundamentales para la lectura. Pero lo más importante fue que ese niño se fue sintiéndose capaz, orgulloso y satisfecho por haber podido lograrlo.

Otra vez, el juego mostrando su enorme poder.

Micaela Colombo

Lic. Psicopedagogía | Docente Aprendizaje y Desarrollo Infantojuvenil Orientación Vocacional Evaluación y Tratamiento: Abordaje Neurocognitivo IG: @adin.aprendizaje

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