Habilidades sociales en niños con TEA

Las habilidades sociales son fundamentales para que los niños puedan relacionarse con los demás, iniciar amistades, resolver conflictos y desenvolverse en distintos ámbitos de la vida. Sin embargo, no todos los niños las adquieren de la misma manera. En el caso de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), este aprendizaje suele requerir una enseñanza más explícita, estructurada y acompañada.

La licenciada Celeste Herman, psicóloga especializada en TEA, explica por qué estas habilidades pueden entrenarse y cuál es el rol que cumplen la familia, la escuela y los profesionales en este proceso.

¿Qué son las habilidades sociales?

Las habilidades sociales son un conjunto de conductas que permiten iniciar, mantener y finalizar interacciones con otras personas de una manera socialmente esperable. Dentro de ellas se incluyen aspectos como la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva, la empatía, la resolución de conflictos, la comunicación y la asertividad.

A diferencia de lo que muchas personas creen, estas habilidades no nacen completamente desarrolladas, sino que se van adquiriendo durante el crecimiento.

 Algunos niños las incorporan de manera espontánea mediante la observación y la imitación, mientras que otros necesitan una enseñanza mucho más directa.

Cuando aprender necesita más apoyo

Existen distintos perfiles de niños con dificultades en las habilidades sociales.

Por un lado, están aquellos que presentan un déficit en estas habilidades, como ocurre con muchos niños dentro del espectro autista. En estos casos, sus intereses suelen estar orientados hacia otros aspectos y no hacia las interacciones sociales, por lo que la imitación y el aprendizaje incidental no alcanzan.

Por otro lado, hay niños que sí poseen las habilidades sociales, pero les resulta difícil ponerlas en práctica. Esto sucede, por ejemplo, en chicos con ansiedad o con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), donde la ansiedad o las dificultades en las funciones ejecutivas interfieren para desplegar habilidades que ya conocen.

El rol de la familia y la escuela

Uno de los aspectos más importantes es lograr que lo aprendido se generalice fuera del consultorio.

Por eso, los profesionales trabajan junto a las familias brindando herramientas concretas para favorecer las interacciones cotidianas. Se propone, por ejemplo, generar oportunidades para iniciar conversaciones, reforzar cada intento de comunicación y explicar de manera explícita aquello que muchas veces se aprende de forma implícita.

Los padres suelen convertirse en verdaderos «traductores» del mundo social, ayudando a sus hijos a comprender por qué una persona reaccionó de determinada manera, qué era esperable hacer en una situación determinada o cuáles pueden ser las consecuencias de ciertas conductas.

En la escuela también es importante ofrecer apoyos, anticipar situaciones sociales, estructurar algunos momentos como los recreos y enseñar aquello que se conoce como «currículum oculto»: todas esas reglas sociales que no están escritas, pero que la mayoría aprende naturalmente y que muchos niños con TEA necesitan que alguien les explique.

Acompañar sin presionar

Uno de los errores más frecuentes, aunque siempre desde la mejor intención, es exponer a los chicos a desafíos para los que todavía no están preparados.

Cuando existe ansiedad, la propuesta es avanzar de manera gradual, planteando pequeños objetivos posibles. Por ejemplo, quedarse unos minutos en un cumpleaños, invitar primero a un primo antes que a un grupo de amigos o participar de una actividad breve antes de aumentar el tiempo de permanencia.

Cada pequeño logro necesita ser reconocido y reforzado. Lo importante no es exigir grandes avances, sino ayudar al niño a sentirse capaz y a construir experiencias positivas que fortalezcan su confianza.

Un desafío compartido

Cuando un niño presenta dificultades en las habilidades sociales, el desafío no es únicamente suyo. También es un aprendizaje para la familia, que necesita conocer cómo piensa. Qué le resulta difícil y de qué manera puede anticiparse a distintas situaciones cotidianas.

Comprender que muchas conductas no son desinterés ni falta de educación, sino una forma diferente de procesar la información social, permite acompañarlo con mayor empatía. El trabajo conjunto entre padres, escuela y profesionales favorece que el niño pueda desenvolverse con mayor seguridad y confianza en cada nuevo desafío.

Explicar, anticipar y acompañar

Para muchos niños con TEA, aquello que para otros resulta obvio necesita ser explicado.

Anticipar situaciones, describir qué conductas son esperables y cuáles no. Conversar sobre las posibles consecuencias de cada acción y brindar información clara les permite comprender mejor el mundo social y tomar decisiones con mayor seguridad.

Las habilidades sociales no se adquieren de un día para otro. Requieren tiempo, práctica y un trabajo conjunto entre profesionales, familia y escuela. Cuando ese acompañamiento existe, los niños cuentan con más oportunidades para desarrollar vínculos significativos. También para participar activamente en distintos contextos y ganar autonomía en su vida cotidiana.

Escuchá la charla de la profesional en nuestro programa radial: 

Celeste Herman

Psicóloga infantojuvenil orientación TCC / Especialización en Autismo ESDM, PEERS, IMPACT, SMILE, Master ABA IG: elesteherman.psicologa

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