Cuando hablamos de vulnerabilidad, suele venirnos a la cabeza la palabra debilidad. Por algún motivo, nos han enseñado que mostrar lo que nos pasa y/o sentimos, está mal. La vulnerabilidad suele entenderse como no poder, ser débil o no estar a la altura.
En cuanto a la etimología de la palabra, vulnerabilidad deriva de vulnus, que en latín significa “herida”. En la antigüedad, ser herido tenía estrecha relación con ser lastimado físicamente. Con el tiempo, este concepto se amplió. Hoy podemos entender a la herida también como algo emocional. No es extraño entonces, que culturalmente nos hayan enseñado que mostrarnos vulnerables, puede ser algo peligroso.
Sin embargo, en el viaje de esta nota, te invito a pensar la vulnerabilidad desde otro lugar y con una búsqueda de sentido.
¿Qué nos pasa al mostrarnos vulnerables?
Además podemos preguntarnos: ¿Qué nos pasa cuando vemos a otros ser vulnerables?. En general aparecen emociones del estilo de la vergüenza, miedo, dolor, escasez, sensación de no poder. Todas cuestiones que nos hacen pensar que debemos protegernos y es así como levantamos barreras y aparecen las corazas. Nos vamos alejando unos a otros, porque nos enseñaron que está mal mostrar lo que sentimos. Pero que paradojal resulta distanciarnos de los demás, cuando solos no podemos. Somos seres sociales y de alguna manera estamos programados biológicamente para conectarnos con los otros.
Lo cierto es que la vulnerabilidad, como dice Brené Brown, poco tiene que ver con debilidad, sino más bien se relaciona con incertidumbre, riesgos y exposición emocional.
Por eso, aceptar nuestra vulnerabilidad y ponerla en juego en nuestra vida nos da la posibilidad de mostrarnos tal cual somos. Nos posibilita ser congruentes con nosotros mismos. Incluso, si tememos ser juzgados o, mínimamente, criticados. Poder avanzar en este sentido, lejos de hacernos débiles nos vuelve valientes, nos vuelve humanos. Poder expresar lo que nos pasa desde un lugar genuino, nos permite ser más auténticos y habitar espacios de pertenencia. Nos da la posibilidad de sentir el amor y la alegría.
Al respecto de este tema, hagamos el ejercicio de pensar alguna situación en donde fuimos valientes, difícilmente encontremos un ejemplo en donde no debimos lidiar con la incertidumbre, o asumir riesgos o exponernos emocionalmente. De alguna forma, debimos abrazar la vulnerabilidad para poder ir más allá, para llegar a otro nivel, sortear ese desafío que se nos presentaba. Por ejemplo: ir a una entrevista laboral luego de ser desvinculados de otro empleo. O quien busca un nuevo embarazo luego de un aborto espontáneo.
La vida está llena de vulnerabilidad, porque todos somos vulnerables. Y aprender a habitarla es una deuda social importante que tenemos con los otros y con nosotros mismos.
Por: Patricia Peruzzo

Counsellor, Docente, formada en grafología, Contadora Pública

Counsellor en fertilidad y duelo gestacional
Acompañamiento en procesos con desafíos reproductivos
Ig:@patricia.peruzzo

