Cuando los hijos parten y la pareja se redefine

Después de más de tres décadas de matrimonio, muchas parejas ingresan en una etapa silenciosa pero profunda: los hijos han madurado, comienzan su independencia y construyen su propia vida en pareja. Este momento, frecuentemente denominado nido vacío, marca un punto de inflexión no solo en la dinámica familiar, sino también en la identidad del vínculo conyugal. Por eso, a continuación abordamos la partida de los hijos y la redefinición de la pareja.

Desde la orientación familiar, se comprende que la familia es un sistema vivo y cambiante. Murray Bowen, creador de la teoría sistémica familiar, afirmaba que “la familia es una unidad emocional; lo que ocurre en uno de sus miembros afecta a todos los demás”. Cuando los hijos se van, el sistema se reorganiza y las parejas vuelven a ocupar el centro de la escena, muchas veces sin referencias claras sobre cómo habitar ese nuevo espacio. 

Este período puede despertar emociones contradictorias: satisfacción por la tarea cumplida, orgullo por la autonomía de los hijos, pero también tristeza, sensación de vacío o distancia emocional. Erik Erikson, al describir la etapa adulta, señalaba que “la generatividad implica guiar a la próxima generación; cuando esto falla, aparece el estancamiento”. Al finalizar activamente la crianza, los adultos se enfrentan al desafío de redirigir su energía vital hacia nuevos proyectos, incluida la relación de pareja. 

En muchos matrimonios, la comunicación se ha estructurado durante años alrededor de las necesidades de los hijos. Al desaparecer ese eje, emergen silencios, conflictos no resueltos o preguntas postergadas. El investigador de las relaciones conyugales John Gottman sostiene que “las parejas exitosas no evitan el conflicto, sino que aprenden a manejarlo con respeto y conexión emocional”. Esta etapa invita a revisar la forma de dialogar, expresar afecto y construir acuerdos renovados

Desde la orientación familiar, el acompañamiento profesional puede ayudar a elaborar los duelos propios de esta transición y a fortalecer los recursos del vínculo. Así, como afirma Salvador Minuchin, referente del enfoque estructural, “las familias saludables son aquellas capaces de reorganizarse frente a los cambios del ciclo vital”. 

De esta manera, lejos de ser un final, el matrimonio después de 34 años puede convertirse en un oportunidad de reencuentro, crecimiento y redefinición.

Finalmente, cuando los hijos parten, la pareja tiene la posibilidad de volver a elegirse, ya no solo como padres, sino como compañeros de vida en una nueva etapa de madurez y sentido compartido. 

Referencias (Normas APA 7° edición – en español) 

Bowen, M. (1978). La terapia familiar en la práctica clínica. Jason Aronson. 

Erikson, E. H. (1982). El ciclo vital completado. W. W. Norton & Company. 

Gottman,  J. M.,  & Silver, N. (1999). Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione. Crown Publishers. 

Minuchin, S.  (1974).  Familias y terapia familiar.  Harvard University Press. 

Ceberio, M. R. (2006). La familia en terapia: Una mirada sistémica. Paidós.  

La autora de la nota:

Sonia V. Acosta

Lic. en Calidad de la Gestión de la Educación. Técnica Universitaria en Orientación Familiar. Profesora de Enseñanza Primaria. Postítulo en Tutoría y Orientación educativa. Mediadora escolar. Redes: IG familiarizandorosario

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