Epigenética: Cómo el entorno moldea nuestra salud y desarrollo

Cada día, lo que vivimos influye en nuestro cuerpo más de lo que imaginamos. La epigenética es la ciencia que estudia cómo factores externos, como la alimentación, el estrés y el estilo de vida, pueden “encender o apagar” ciertos genes sin cambiar nuestro ADN. Es decir, aunque heredamos una base genética, el entorno y nuestras decisiones diarias pueden modificar la forma en que esos genes se expresan, afectando nuestra salud física y emocional. Hoy: Epigenética: Cómo el entorno moldea nuestra salud y desarrollo.

En los últimos años, los cambios sociales y tecnológicos han impactado fuertemente en este proceso. El uso excesivo de la tecnología, por ejemplo, ha generado efectos negativos tanto en niños como en adultos. En los más chicos, la inmediatez del mundo digital ha reducido la paciencia y la tolerancia a la frustración, afectando el desarrollo de habilidades cognitivas y emocionales. En los adultos, la dependencia de los dispositivos ha alterado la comunicación cara a cara y aumentado los niveles de ansiedad. 

Desde la epigenética, se sabe que la exposición prolongada a ciertos estímulos puede modificar genes relacionados con el estrés y el desarrollo cerebral.

La alimentación es otro factor clave en la expresión de nuestros genes. El consumir comida rápida y productos ultraprocesados afecta no solo la salud metabólica, sino también el funcionamiento del cerebro. Estos hábitos pueden influir en la activación de genes que regulan la energía, el estado de ánimo y la respuesta al estrés. Además, la falta de tiempo de calidad en familia, otro cambio social significativo, puede dejar huellas emocionales en los niños, afectando su capacidad de regular emociones en la adultez.

El estrés crónico es otro gran protagonista en la modificación epigenética. Un ritmo de vida acelerado, la presión laboral y la constante sobrecarga de información han generado alteraciones en el sistema inmunológico y neurológico, aumentando el riesgo de enfermedades físicas y mentales. Lo más preocupante es que estos efectos no solo afectan a quienes los sufren, sino que pueden transmitirse a sus descendientes, perpetuando estados de vulnerabilidad.

La buena noticia es que la epigenética también nos muestra que estos efectos pueden revertirse. Adoptar hábitos saludables, mejorar la alimentación, reducir el tiempo frente a pantallas y priorizar momentos de calidad con la familia pueden generar cambios positivos en la expresión de nuestros genes. Técnicas como el mindfulness, la meditación y el contacto con la naturaleza ayudan a regular el estrés y mejorar la salud a largo plazo.

Si bien nuestra genética nos da una base, la forma en que vivimos tiene un impacto directo en cómo esos genes se expresan. La epigenética nos da una gran oportunidad: la posibilidad de tomar decisiones conscientes que mejoren nuestra salud y la de las generaciones futuras.

Derechos de autor: Josefina Posadas

Lic. en Psicología / Coach Ontológico Profesional

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