La laboriosidad en la crianza del niño

Conciliar exigencia y amor para poder formar sin dejar de querer”.


La familia, en su función educadora, es responsable de promover en el niño la virtud de la laboriosidad por medio del trabajo bien hecho en el hogar. Para ello, es necesario, delegar en el niño ciertas tareas cotidianas que sean útiles para el desarrollo de sus habilidades personales y para adquirir disciplina, valiéndose de su voluntad, concentración y compromiso para lograr óptimos resultados que provoquen en él, satisfacción y enriquecimiento personal por la meta alcanzada. Hoy: La laboriosidad en la crianza del niño

¿Cómo educar al niño en la laboriosidad?
Educar al niño en la laboriosidad requiere de disponibilidad de tiempo y espacios familiares para que su padre, madre o tutor pueda mostrar al niño cómo realizar la tarea asignada, y guiarlo en su aprendizaje, según su propio ritmo. Es fundamental, ser buenos modelos que el niño pueda observar e imitar. Además, mantener pautas claras y concisas en la enseñanza de esa tarea, manteniendo una actitud positiva y alentadora. 

Asimismo, evitar que el niño postergue o deje inconcluso su deber, ya que la constancia es esencial para promover en él, el sentido de la responsabilidad. Por otra parte, esta cualidad posibilita que el niño adquiera destreza y confianza en la tarea asignada, de tal modo, que no requiera del acompañamiento del adulto, en el futuro.

Es importante que el niño reciba un reconocimiento favorable por su desempeño que sirva para mantener su motivación y lo aliente a continuar perfeccionándose en su tarea con creatividad y eficacia.

¿Cómo implementar la laboriosidad en el hogar?

La laboriosidad, en un niño, puede ponerse en práctica en actividades sencillas y significativas para su edad. Por ejemplo: guardar sus juguetes después de jugar, ordenar su cuarto o hacer su tarea escolar.

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También, promover en él la rutina del aseo personal diario. Con el paso del tiempo, en su preadolescencia o adolescencia, se le podrá asignar otros deberes más complejos del hogar que requieran de mayor esfuerzo y responsabilidad para realizarlos.Que le permitan desarrollar otras capacidades y valores humanos en la convivencia familiar. Por ejemplo: colaborar en la limpieza del hogar. 

Cabe destacar que algunas tareas podrán ser consensuadas entre padres-hijo, considerando los intereses o habilidades del joven. Por ejemplo: asumir el cuidado de una mascota.

Para reflexionar:

¿Cómo se vive la laboriosidad en las tareas de tu hogar?

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Derechos de Autor: Marina Beatriz Thomas (Chaco)

Técnica Universitaria en Orientación Familiar

marinathomas.6944@gmail.com

Fuente imagen: https://eresmama.com/

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