En los menores de 2 años no aparecen los miedos porque todavía no se produjo el proceso de individuación. Aún se sienten protegidos por la díada, ósea son la misma persona que su figura de apego. ¡Por eso es que hay que mirarlos con cuatro ojos porque pueden tener todo tipo de accidentes dentro y fuera de casa!. Hoy: ¿Por qué aparecen los miedos?.
A medida que van creciendo van reconociendo esa separación y por eso es que empiezan a aparecer los miedos a situaciones reales, los miedos visibles (al tobogán, a la pileta, a la escalera, a la oscuridad). Ya no me siento omnipotente y debo pedir ayuda para no caerme o sentirme solito, por ejemplo. Si estos pequeños miedos no empiezan a aparecer puede que estemos sobreprotegiendo demasiado y por eso no sienten todavía que son un ser diferente de su mamá. O también puede ser por otras causas. En estos casos es recomendable consultar con tu pediatra de cabecera.
Alrededor de los 3 años empieza una fase de “animismo”, donde todos los objetos cobran vida, como en los dibujitos animados. ¡Y es normal que algunos den miedo, porque el mundo de la fantasía está a flor de piel y las historias que escucho o veo se mezclan con las que me imagino y me las creo en serio!
Pero hay otros miedos, los invisibles. Los que aparentan ser por un monstruo debajo de la cama, o por los bichos, o por la oscuridad, o por dormirme solita, o por los ladrones.
A partir de los 4 años existe una integración de nuestro lado “bueno” y “malo”. Por eso, los miedos que aparecen en esta etapa pueden darse porque no puedan conectar con su lado oscuro. Ese lado que tenemos todos, ese de las emociones “feas”, el que no es políticamente correcto, ese que si lo expresan les decimos que no está bien decir eso, o peor, sentirlo.
Ese que si aparece un poquito enseguida lo censuramos mostrándoles porqué no pueden sentirse así con todas las cosas buenas que tienen para agradecer. O peor, que no sean “malos”, que no pueden sentir esa bronca hacia el hermano que es tan bueno. O esa envidia a la amiga que tiene la muñeca nueva, o esa angustia y ganas de llorar y patalear por no poder ir a jugar a la casa del vecino porque tiene tarea.
Al no permitirles conectar con ese lado, lo que no aguanto adentro lo pongo afuera. El mundo externo se invierte con el propio monstruo interno. Ojo esto también vale para el enojo, que a veces es simplemente otra manera de reaccionar a este “peligro interno”.

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A partir de los 8 años, ya comienzan a ver el mundo en más dimensiones, a conectar situaciones, a entender qué consecuencias puede traer determinado hecho trágico, cuáles son los peligros reales de las situaciones. Por eso es muy común que tengan miedos reales a situaciones posibles. Va a depender de cómo encontremos un equilibrio entre responder a sus inquietudes, pero no exagerar con la información o la repetición de hechos, o tratar de mostrar y hacerles ver las cosas que nos dan seguridad.
A medida que les demos permiso para sentir, para mostrar ese lado oscuro que tenemos todos, naturalizarlo y ponerlo en palabras. Transmitir que “sentir no es hacer”, que no soy ni malo, ni voy a hacer nada de lo que siento que quiero hacer porque algo no me gustó.
A medida que les permitamos conectarse con su emocionalidad completa y tratemos de entenderla juntos, estas situaciones de miedos intensos probablemente puedan ir disminuyendo. Y si esto no sucede, es hora de pedir ayuda a un profesional, recordá que no estás sola!.
Derechos de Autor: Lucila Bucich

Pediatra / Consultora en crianza – MN 113.820
Atención online Argentina/Brasil
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