Hay mucho para escribir sobre la construcción del lenguaje, por eso nos pareció necesario hacerlo en dos partes.
Como bien sabemos, el lenguaje nos atraviesa, nos subjetiva, es decir, nos convierte en sujetos singulares, capaces de hablar y ser hablados por otros.
Pero qué sucede cuándo el lenguaje verbal se ve retrasado en su aparición.
Si bien es cierto, que podemos contemplar hitos en el desarrollo del lenguaje infantil, a saber, balbuceo, gestos protodeclarativos y proteimperativos (señalar lo que desea, estirar sus bracitos pidiendo que lo alcen, etc) palabras frase, aparición de frases rudimentarias hasta la asunción subjetiva del yo, es importante observar el caso en su singularidad.
Llegar al momento donde el niño pueda hablar de sí mismo en primera persona, y expresar emociones, pensamientos, necesidades, implica un recorrido particular.
Cada niño tiene sus propios tiempos internos que también son regulados por la familia a la cual pertenece.
Por lo tanto, es fundamental comprender, acompañar y respetar, la historia que este niño va construyendo junto a su familia.
Por supuesto que las consultas tempranas con los profesionales que abordan el lenguaje, son siempre oportunas, sobre todo, cuando a la familia le genera ansiedad, preocupación o angustia, el retraso en la aparición del lenguaje verbal en su hijo.
Que las palabras demoren un poquito más en aparecer, no implica necesariamente que no podamos comunicarnos con ese pequeño. La comunicación, el diálogo que se va gestando con ese niño, se puede lograr a través de la mirada, la gestualidad, la expresión corporal.
Lo más importante es que predomine la intención comunicativa. Ese deseo de expresar algo, de transmitir, de pedir. Para lo cual, es necesario que como adultos estemos atentos para poder significar esas demandas, otorgarles un sentido y así poder vehiculizar la comunicación.
Entendemos la construcción del lenguaje, como un aspecto complejo dentro del desarrollo infantil. Como hemos dicho, es necesario que se conjuguen un montón de factores para que se pueda instaurar adecuadamente.
Podríamos pensar que hay determinadas pautas que, si no se presentan, podrían suponer una alerta para la familia.
Anteriormente mencionamos que los bebés son capaces de comprender el lenguaje incluso antes de poder producirlo. Por esta razón, si frente a la pregunta a un bebé de 10 meses “¿Dónde está mamá?”, y el pequeño se muestra indiferente, y sin siquiera intentar buscar con la mirada a su mamá, podemos prender una lucecita de alerta.
Que el niño pueda responder a consignas muy sencillas, como por ej “¿me alcanzas ese vaso?”, aunque no pueda responder sí con palabras, y nos lo alcance, entenderemos que está comprendiendo y podremos comunicarnos con él.
Nuestro compromiso con las familias que nos consultan, es siempre poder hacerlo desde un lugar de respeto, brindando información adecuada que les ofrezca tranquilidad y confianza.
Por esta razón, como profesionales de la salud, estamos convencidas que las intervenciones tempranas, oportunas y respetuosas, pueden generar cambios muy positivos en los niños y en sus familias.
El abordaje integral, interdisciplinario, donde lo que siempre se priorice sean las necesidades de ese niño y su familia, constituyen las premisas de nuestra práctica profesional.
Luciana Cofré
Lic. en Psicología
lucianacofre.lc@gmail.com
@lic.luciana.cofre
Viviana A. Pardo
Lic. en Psicopedagogía
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