¿El deseo alcanza? Maternidad y paternidad más allá del mandato

Durante mucho tiempo, la maternidad y la paternidad estuvieron atravesadas por un mandato casi incuestionable. «Hay un mandato tan fuerte y una idealización de que la maternidad o la paternidad es instintiva, incondicional», se escuchó en el aire de la radio. Como si el deseo fuera automático. Como si una mujer, por el solo hecho de serlo, inevitablemente quisiera maternar.

Hoy, por suerte, algo de eso empieza a correrse. «Estamos en una época donde podemos poner en palabras que esto no siempre pasa», dijeron las profesionales, y en esa frase se abre un mundo: el del deseo genuino, el de las preguntas, el de las contradicciones.

Porque muchas mujeres —y también varones— hoy se preguntan si quieren ser madres o padres, cuándo, cómo y desde dónde. «Antes era más un mandato: tengo que. Y muy pocas mujeres podían decir no quiero ser mamá o quiero otra maternidad. Estaba mal visto, culturalmente era ‘¿cómo no vas a ser madre?'».

A ese mandato se le suman otros: la edad «adecuada», la pareja, el trabajo, la casa, la economía, las expectativas familiares. «Muchas veces pesa el deseo de ser abuelos de nuestros padres, que viene con amor, pero pesa igual». Todo eso forma parte de una decisión que no se construye de un día para el otro. «La decisión de maternar o paternar no se construye en un mes, a veces lleva años y tiene que ver con la historia personal».

El instinto, el deseo y las contradicciones

Uno de los mitos más fuertes que se puso sobre la mesa fue el del instinto materno. «Está bastante cuestionado y es una construcción social», señalaron. Porque si no, ¿Cómo explicar a las madres que no gestaron biológicamente y maternan igual? ¿O a quienes desearon ser madres y, aun así, no sintieron eso que prometían los relatos idealizados?

«El deseo puede aparecer y, al mismo tiempo, convivir con el miedo, la contradicción, la duda. Está bien no saber si voy a poder, no saber cómo se hace». El deseo no borra la incertidumbre. La habilita.

Y cuando aparece el deseo, aparece la pregunta por el cómo. Hoy existen múltiples formas de familia: biológicas, adoptivas, monoparentales, homoparentales. «Solo no se puede. Siempre hay una red. Vivimos en sociedad».

Adopción: informarse para no idealizar

En el camino adoptivo, el deseo también es fundamental, pero no alcanza. «El deseo y el amor son el primer paso, pero arrancar no alcanza. Ni siquiera en una maternidad biológica». Y acá aparece una diferencia clave: la adopción requiere una preparación específica.

«El deseo de maternar de forma adoptiva no es el mismo que el deseo biológico. Es diferente y hay que prepararse en consecuencia». No como quien rinde un examen, sino informándose, entendiendo los procesos, las historias previas, los tiempos.

Porque los niños y niñas que llegan a una adopción traen una historia. «No es borrón y cuenta nueva. Eso pasó, y hay que reconocerlo». Hay miedos habituales: si los abuelos los van a querer igual, si van a hacer diferencias, si el vínculo se va a construir. «La construcción del vínculo lleva tiempo. A veces más tiempo, y eso también es esperable».

La información aparece como una herramienta clave. «Entrar al sistema de adopción de manera ingenua, más naif, no ayuda. Los padres también se adoptan como padres».

Cuando la historia previa aparece en lo cotidiano

Entender la historia previa de un niño cambia la mirada. En la radio se compartió una escena sencilla y profunda: una niña que traía objetos de la escuela a su casa. No era «robar». Venía de un hogar donde nada era propio. «Los juguetes eran de todos, la ropa era de todos». ¿Cómo saber que algo es mío, si nunca lo fue?

Lo mismo pasa con la comida, con el miedo a que falte, con conductas que necesitan ser leídas desde otro lugar. «No todos los chicos pasan por lo mismo, pero saber esto te prepara. Y te permite acompañar mejor».

«¿Yo estuve en tu panza?»

Las preguntas llegan. Siempre llegan. Y los chicos, muchas veces, ya saben la respuesta. Solo buscan confirmación.

Una mamá contó cómo su hijo adoptado, después de hablar en la escuela sobre el nacimiento, la miró y le preguntó: «¿Vos me tuviste en la panza?». La respuesta fue honesta y amorosa: «No, vos estuviste en otra panza».

—»¿Y cómo se llama esa panza?»

—»Amor se llama».

«No es contestar de más ni de menos. Es responder lo que preguntó». Ser honestos, aunque duela. Porque «a los chicos no hay que mentirles: necesitan verdad, no fantasía».

Ni rosa ni fácil, pero posible

La maternidad y la paternidad —biológica o adoptiva— no son mágicas. Son complejas. Requieren revisar proyectos, idealizaciones, duelos. «No es sólo duelar la biología. A veces es duelar el proyecto de familia que uno imaginó».

Salir del relato rosa no quita belleza. La vuelve real. «Es supercomplejo y muy difícil. Igual lo volvería a elegir. Pero con información, limpiando prejuicios, pidiendo ayuda».

Porque quizás, en ese camino más honesto, menos idealizado y más humano, haya lugar para algo verdaderamente transformador: una forma de maternar y paternar que se construye día a día, con deseo, con red y con verdad.

Mariana Macía - Abogada / Profesora /Diplomada en Adopciones - @mamaporadopcionyabogada

Marisa Pérez Labat - Psicóloga -Neurodecodificación laboral - Biodecodificación - Talleres vivenciales grupales @marisaperezlabat

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